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Martes , 19.02.2019 / 05:16 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

Mujeres

Miguel Zárate Hernández

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Como para no quedarse atrás, el gobernador Enrique Alfaro, al igual que el presidente Andrés Manuel López Obrador, también le entró al juego de las descalificaciones. Ambos enarbolan banderas similares en cuanto a escuchar a la sociedad, al “pueblo sabio” o a la “gente”, pero no es raro que actúen con extrema rispidez cuando surgen puntos de vista contrarios, opiniones que les “contradicen” y, para variar, también saben arremeter contra medios de comunicación a los que, sin más, atribuyen “intereses oscuros” si enderezan cuestionamientos a alguno de sus proyectos de gobierno. En el caso del presidente de la República ya no parece extraño que así suceda, pero, a decir verdad, muchos creíamos que el gobernador Alfaro había superado algunos pasajes e incidentes de su trayectoria pública en los que estuvo incluso al borde de la violencia verbal ante un disentimiento molesto. Ahora, el tema de la desaparición del Instituto Jalisciense de las Mujeres simplemente desató en él cierto encono escondido contra quienes se opusieron a la medida.

Tal desaparición no fue novedad en ningún sentido. Lo anunció Alfaro prácticamente desde su campaña y, aunque ya electo condicionó esa decisión a un “diálogo” previo con los organismos interesados en preservar dicho instituto, a fin de cuentas, hizo lo mismo que el titular del Ejecutivo federal al contar con su mayoría en la bancada legislativa, junto a sus respectivos partidos satélite, y echar a andar la aplanadora en el momento oportuno. Esa es su idea tal vez del “equilibrio de poderes”. Quizá nadie podía haber evitado que el Gobernador se saliera con la suya y, entonces, ¿realmente tenía sentido la estratagema del clásico “madruguete” para aprobar la eliminación del organismo en cuestión? ¿Estaremos repitiendo la misma historia autoritaria de la que tanto reniegan los nuevos gobiernos del país y del estado? ¿Así se procederá, en su momento, cuando sea necesario modificar las leyes para implementar la “refundación” de Jalisco, a base de **mayoriteos y artimañas legislativas?

Es de creer que el Gobernador tenía sus motivos para decretar la extinción del Instituto de las Mujeres, pero no necesariamente toda la razón para hacerlo. Habiendo contado con bastante tiempo para, como era de esperar, se “socializara” de manera suficiente el asunto, se discutiera, se organizarán foros, se explicará las bondades ofrecidas, tomando en cuenta opiniones o recomendaciones para que no pareciera una imposición, tomando en cuenta sobre todo a las valiosas mujeres que hoy son parte de su gobierno y de los municipales que también son del mismo color. ¡Qué oportunidad perdió de trabajar con mujeres que llevan años en la lucha histórica, llena de simbolismos en favor de los derechos humanos y de las mujeres! Sólo el Gobernador sabe qué o quién le apremió tanto para proceder tan precipitadamente y llevar al Congreso a decretar el fallecimiento del IJM en plazo récord. De todo les dijo Alfaro a sus detractores con tal de descalificarlos e incluso arremetió contra las organizaciones feministas, que buscaron hasta el fin, evitar o al menos modificar se cayera en una nueva estructura, manifiestamente burocrática donde pierden peso y visibilidad, en la denominada Secretaría para la Igualdad Sustantiva. Y las críticas arreciaron tras la aprobación de esa iniciativa.

Para cortar por lo sano y luego de exponer públicamente que el Instituto Jalisciense de las Mujeres -establecido formalmente en 2002 durante el gobierno panista de Francisco Ramírez Acuña-, había fallado en su misión y que su ineficacia no justificaba ya su existencia porque no tenía recursos ni capacidad ni liderazgo, la guillotina se preparó y sus ejecutores, Salvador Caro al frente, hicieron caso omiso hasta de los reclamos de una diputada federal de su propio partido naranja, Martha Tagle, quien desde México se alineó a las querellas y hasta ofreció intervenir jurídicamente. En cambio, incluidas naturalmente las mujeres que ocupan curules tanto de MC, PRD, PT y Verde -féminas -disminuidas- de estos últimos determinaron la “mayoría”-, se asestó el golpe final.

En el otro extremo, podríamos decir que quienes vieron frustrados sus intentos de frenar dicha extinción, están los llamados grupos feministas que argumentaron -nada lejos de la realidad-, que la integración de los programas del Instituto a una Secretaría de múltiples perfiles, “acotará” su desempeño por el propio Ejecutivo. Hace apenas unas semanas Enrique Alfaro logró concitar a grandes sectores de la sociedad jalisciense que, al margen y naturaleza de sus funciones o partidismos, le ofrecieron total respaldo ante los amagos del gobierno federal que atentaran contra la soberanía del estado. Igualmente, el Gobernador se ganó importante respaldo público al pronunciarse, incluso fuera de los cánones políticos, contra el aparente menosprecio a las necesidades de Jalisco en materia de abasto de combustible. ¿Había verdadera necesidad de acelerar la desaparición del Instituto de las Mujeres? Hay opiniones al interior del propio equipo del Gobernador de que el asunto podía haber esperado y no agitar un avispero de quienes, esos sí, podrían tratar de restarle puntos a su imagen política. Pero, lo más importante, en el asunto del Instituto queda en el aire la inquietud de si habrá procedido con prudencia y certeza ya que, ante tanto rezago en sus derechos, nuevamente queda pendiente la atención urgente a las necesidades de justicia, seguridad y oportunidades que bien reclaman merecer las mujeres, sin duda un deber y una asignatura pendiente para este gobierno.


miguel.zarateh@hotmail.com

Twitter: @MiguelZarateH

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