Política

Jalisco bajo fuego

Quizá nunca en la historia de Jalisco se habían dado hechos como la muerte del capo de capos Nemesio Oseguera y, menos aún, sus consecuencias. La historia de la criminalidad en el estado es, efectivamente, larga. Desde el tiempo de los grandes narcotraficantes que aquí se asentaron, durante los ochenta y los noventa, sobre todo, no se daban los sucesos que conmocionaban tanto a la comunidad jalisciense. De suyo, los delincuentes cuidaban de hacer “ruido” o perturbar en demasía puesto que varios de ellos tenían a sus familias que convivían como cualquier otra con los tapatíos. Después, apareció el “lord” del Cartel Guadalajara, Rafael Caro Quintero y otros que por el momento no merecen ni el recuerdo de su actuar nefasto, cuando las calles empezaron a ensangrentarse y la quietud y vida sosegada desapareció en pocos años para siempre. La detención de algunos de los principales hasta hace un par de sexenios, sí llevó la violencia a distintos puntos de la ciudad, pero nunca al grado de darnos cuenta el tamaño real del monstruo que llegó a formar seguramente quien resultó el peor y más poderoso de todos ellos.

Nadie consideraba que el “Mencho” estaría al alcance, vamos, ni en la mira, de las autoridades. Tampoco se negaba que el capo de alguna manera había construido un entramado de vinculaciones a través de su multiplicidad de negocios turbios, con diversos personajes y, en especial, en mucho arrastró hacia el contubernio a gente de la esfera pública de muchas partes y niveles en el país. De otra manera parece inexplicable su grado de crecimiento y de expansión hacia lo indecible, a la extorsión extendida a tantos ciudadanos y sus negocios, por pequeños o grandes que fueran, por ejemplo. Tampoco se entendería por qué avanzaba cada día en otros muchos y variados renglones, ni cómo su penetración llegó a una cobertura nacional casi total y con perfiles de alcance internacional en unas tres o cuatro decenas de países. Junto a ello, todos los demás grandes hampones palidecen en sus acciones ya que el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación arrasaba con lo que se le ponía enfrente. Ninguno de ellos fue capaz de tanto, aunque sí los que encontraron una tolerancia desmedida como en Sinaloa, al punto de que un presidente de la república doblara las manos y confesara que soltó deliberadamente a un pez gordo (Ovidio Guzmán) “por cuidar a la población”.

Ciertamente habría que culpar a muchos gobiernos de sexenios anteriores como de distinto nivel de haber permitido el aumento de la delincuencia organizada, pero ahora podemos darnos cuenta que fue el gobierno anterior, el de López Obrador, el que más daño causó por sus políticas equivocadas para erradicar la delincuencia organizada del país. Nada más grave nos pudo haber sucedido, ahora se ve claro, con aquello de eliminar balazos y ofrecer abrazos. Nada más ridículo y perjudicial que eso de que los hampones tienen sus “derechos humanos” y había que garantizarlos. El saludo a la mamá del “Chapo”, por ejemplo, no fue si no un signo más de la pasividad no menos criminal de tolerar a los capos. Los gobiernos locales, en general, se lavaron las manos con aquello de que “es un asunto federal”, y párenle de contar.

Por ello en esta ocasión hay que reconocer con todas sus letras al gobierno de Claudia Sheinbaum, a quien no se le impugnará más en cuanto a la decisión tomada para acabar con el megacapo más grande. Claro, y de manera particular, hay que reconocer todavía más la valentía con la que los militares que participaron en el operativo que dio fin al temido “Mencho”, perdieron la vida en la tarea. Bien por el general Ricardo Trevilla, en hacer público su sentir por el fallecimiento de sus hombres que triplicaron en el saldo mortal a los muertos sicarios y allegados al delincuente más buscado del país y quizá del mundo. Nadie más en realidad tuvo ese mérito. Eso nos hace pensar que el Ejército vuelve a retomar su papel protagónico en asegurar la continuidad en la lucha por un país pacífico. Ojalá y todas las fuerzas de ese orden sigan ese ejemplo.

Efectivamente, tuvo que darse una reacción. La violencia golpeó a Jalisco que quedó bajo el fuego de quienes manifestaron su deseo de hacer valer el peso de la organización creada por Nemesio. Los jaliscienses, y los habitantes de al menos una decena de otros estados de la república, hemos sufrido el impacto de esa ira de los delincuentes. Como dicen, ni en la pandemia tuvimos que padecer el encierro forzado, y menos así con temor y la simiente de terror que buscaron sembrar. Toca ahora a todos los habitantes y autoridades de esta buena tierra retomar el control y continuidad de nuestras vidas. Se extirpó un cáncer lacerante y aparecerán sustitutos quizá ya fragmentados. Es verdad, los buenos somos más y con la mano firme de la autoridad sabremos superar siempre a los malos.


Google news logo
Síguenos en
Miguel Zárate Hernández
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.