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Jueves , 21.03.2019 / 19:13 Hoy

En frecuencia

Ser Padre

Miguel Ángel Puértolas

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El ser humano es la especie más vulnerable al nacer, a diferencia del resto de las especies animales que prácticamente se pueden valer por sí mismas, casi desde que salen del vientre materno, el hombre es incapaz siquiera de enderezar su cabeza hasta pasados varios meses de haber nacido.

Pero esto se revierte a diferencia del resto de las especies conforme el ser humano crece, pues desarrolla al máximo la capacidad que tiene para convertirse en un ser, con la posibilidad de cambiar el mundo en que vive y no sólo su entorno.

En ese proceso interviene la figura que más soporte da a valores como esfuerzo, empeño, valentía, pero también caballerosidad, nobleza, honradez y rectitud, El Padre. Un Padre vela porque sus hijos hereden lo más preciado que puede haber, más allá de bienes materiales, el ejemplo de rectitud con que debe conducirse un hijo ante la vida y que todo en este mundo tiene un precio; todo cuesta, lágrimas, trabajo, esfuerzo, sufrimiento, pero que el trance que lleva a alcanzar las metas, siempre viene acompañado de la gloria y el placer de haberla alcanzado.

Pero también nos enseña que la felicidad no radica en alcanzar objetivos, la felicidad radica en recorrer ese camino en el que buscamos llegar a nuestros sueños, con el gusto de saber que estamos haciendo lo correcto, no hay peor manera de ofenderles que dejando de lado la guía dada para vivir la vida.

Progenitores abundan, pero verdaderos padres dispuestos a romper barreras inimaginables son pocos, padres dispuestos a sacrificar incluso sus propios sueños, por ver como sus hijos llegan tan lejos como sus capacidades se los permiten muchos menos.

Veo con tristeza como existen padres a los que los hijos poco les importan y se embeben en el trabajo diario sin siquiera hacerles saber lo importantes que son o el amor que les tienen, pero veo también hijos que poco respetan al figura paterna, tal vez en muchos casos porque ésta no se hizo respetar.

Hoy dedico estas líneas a mi Padre, un hombre que siempre se empeñó en salir adelante pese a las adversidades que le puso la vida, que supo ser humilde en la victoria y fuerte en la derrota. Alguien que supo aprender de los errores que como ser humano cometió, y que con su experiencia me dejó grandes enseñanzas. Me enseñó que el trabajo es importante, pero no lo más importante, que no hay reto imposible y que hay que luchar hasta el final, aunque el diagnóstico sea fatal, pues si bien la vida tiene un término, la esperanza de continuar siempre existe.

Me duele en lo más profundo del alma hablar en pasado, pues Él ya no está conmigo, pero tuve la fortuna de hacerle saber lo importante que siempre fue para mí su amor, su guía, sus consejos y su reprensión.

A la memoria de Miguel Ángel Puértolas Márquez, gracias Papá.

miguel.puertolas@milenio.com

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