Política

Adiós Taddei… ¿y el INE?

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La presidenta del INE se va en medio de señalamientos sobre presuntas irregularidades que deben investigarse hasta sus últimas consecuencias. La coincidencia con la antesala electoral de 2027 enciende otra alarma: ¿estamos ante una rendición de cuentas necesaria o frente a una crisis que alguien podría aprovechar para debilitar al árbitro electoral? Una cosa no excluye la otra y ninguna puede resolverse con dichos, son necesarias las pruebas.

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) investiga presuntas irregularidades en contrataciones del Instituto Nacional Electoral (INE), incluidos posibles conflictos de interés, colusión y triangulación de recursos. El caso coloca a Guadalupe Taddei en una posición especialmente delicada, justo cuando el organismo debe preparar las elecciones de 2027 y preservar la confianza ciudadana en la limpieza de los comicios.

Taddei anunció que presentará ante la Cámara de Diputados su renuncia a la presidencia del organismo, cargo que asumió en abril de 2023; en su mensaje, justificó la decisión como una forma de proteger al Instituto y permitir que continúe cumpliendo su misión constitucional por encima de cualquier interés coyuntural o personal.

La consejera presidenta defendió las capacidades técnicas del organismo y advirtió sobre la circulación de versiones, filtraciones y señalamientos cuya autenticidad, contexto y propósito deben verificarse. Reconoció que la crítica periodística, el escrutinio público y la conversación digital son expresiones legítimas de la democracia, pero insistió en que las denuncias deben esclarecerse de manera transparente, objetiva y conforme a derecho.

Su postura, sin embargo, no resuelve las preguntas sobre la gestión del INE ni sustituye las investigaciones que correspondan. Si existen irregularidades, deben acreditarse y sancionarse; si los señalamientos carecen de sustento, también debe demostrarse. La autonomía electoral no puede convertirse en un salvoconducto para evadir responsabilidades, como tampoco las acusaciones pueden utilizarse para condenar anticipadamente a una persona.

La discusión tiene dos dimensiones que no deben confundirse: ¿existen anomalías en las contrataciones del Instituto? Si las hay, las autoridades deben actuar sin contemplaciones. ¿Alguien pretende aprovechar el escándalo para someter al árbitro electoral? Esa posibilidad también merece atención, pero para sostenerla hacen falta pruebas sobre quién impulsa esa estrategia, cómo opera y qué busca modificar. No basta con que las críticas coincidan con una disputa política.

La historia del IFE, hoy INE, demuestra que la autonomía electoral nunca ha sido una conquista definitiva; las disputas por la integración del organismo, las reformas a sus atribuciones, los recortes presupuestales y las controversias por sus resoluciones han evidenciado que la independencia del árbitro puede convertirse en motivo de conflicto cuando sus decisiones afectan intereses políticos.

Durante décadas, la relación entre el poder y la autoridad electoral ha combinado la defensa de la democracia con disputas por el control de las reglas del juego. La autonomía ha sido una conquista ciudadana, pero también un terreno de negociación y confrontación entre los grupos políticos de modo que ese antecedente obliga a mirar con cautela cualquier intento de debilitar al Instituto, aunque tampoco exime de responsabilidad a quienes lo dirigen, ni permite suponer que toda crítica responde a una operación política.

Hay un elemento que vuelve particularmente delicado este episodio: las presuntas irregularidades salen a la luz en la antesala del proceso electoral de 2027 y durante la gestión de la primera mujer que preside el organismo. La coincidencia temporal abre interrogantes legítimas.

Lo verdaderamente preocupante sería que la disputa terminara reducida a dos bandos: quienes defienden a Taddei como si eso significara defender la autonomía electoral y quienes dan por probadas las acusaciones como si cuestionar su gestión fuera suficiente para demostrar corrupción. Ninguna de esas posiciones ayuda a esclarecer los hechos ni fortalece a la institución.

Cuando el árbitro estorba, el poder puede buscar cómo frenarlo; pero cuando el árbitro queda bajo sospecha, tiene la obligación de explicar sus propios actos. La democracia necesita una autoridad electoral independiente, pero esa independencia solo puede sostenerse sobre la legalidad, la transparencia y la rendición de cuentas. Lo que el INE no puede hacer es exigir confianza sin demostrar que está dispuesto a responder por su gestión.


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Miguel Ángel Puértolas
  • Miguel Ángel Puértolas
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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