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"Alien: Covenant", en el espacio nadie puede oírte bostezar

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  • "Alien: Covenant", en el espacio nadie puede oírte bostezar
  • Maximiliano Torres

Luego de recuperar con The Martian la relevancia que no tenía (si me preguntan a mí) desde el año 2000 con Gladiador, Ridley Scott se “quedó en el espacio” para expandir el universo narrativo de una de sus obras maestras del sci fi: Alien. En una rueda de prensa a finales de 2015, el director anunció que, después de Prometeo (2012) –cinta que explica el origen de su alabado thriller– hará tres películas que responderán preguntas planteadas en la cinta original de 1979. Preguntas que, en palabras de Scott, ninguna de las secuelas se molestó en disipar. ¿Por qué un Alien era el octavo pasajero en la nave Nostromo?, ¿quién pudo haberlo creado?, ¿de dónde vino?

Alien: Covenant es la primera entrega de esta trilogía que se conectará con los eventos de la legendaria nave espacial Nostromo, en la que Ellen Ripley enfrentó al xenomorfo. Este fin de semana se estrenó en México y, para ser una pieza que viene a elucidar misterios, la mueca de signo de interrogación no se me ha quitado de la cara.

En trayecto a un planeta lejano, la nave colonizadora Covenant transporta dos mil humanos en cámaras criogénicas y embriones para llevar una avanzada de humanos a otro confín de la galaxia. Su tripulación es despertada cuando una onda expansiva daña el funcionamiento de la nave. Durante la reparación, uno de los ingenieros intercepta una débil señal de radio que proviene de un planeta cercano. Pese a la objeción de sus colegas, el capitán de la nave decide cambiar el curso del viaje para investigar el origen del mensaje que encontraron. Entre los tripulantes de Covenant está Walter (Michael Fassbender), un androide idéntico a David, quien en Prometeo fue una presencia antagónica y aquí parece ser un verdadero aliado de los humanos y –técnicamente esto no es posible pero el guión así lo sugiere– tiene un crush con Daniels (Katherine Waterson), la heroína de esta misión que evoca al personaje legendario de Sigourney Weaver.

En todos los géneros del cine existe algo llamado “convenciones”. Una convención es una situación o acción que, por más insólita, absurda o improbable que parezca, el espectador debe aceptarla para que la premisa de una película se sostenga y avance. En la saga Alien, esto es, en todas las películas que hemos visto, incluyendo esta, las convenciones son: desviarse a un planeta desconocido, pisar su suelo sin protección ni precaución y curiosear por su ecosistema hasta llegar, sin refuerzos, a una cueva en la que los personajes se asoman y palpan capullos extraterrestres como si estuvieran en un centro de adopción de mascotas. Para que las escenas más icónicas y emocionantes de Alien puedan existir, otras escenas absurdas deben pasar antes por nuestros ojos. Luego de repetirse durante seis películas, las convenciones de Alien fatigan. Son idénticas e intolerables. Si la nave Covenant transporta a dos mil humanos a nuevos lugares habitables en el espacio, la conducta de estos personajes demuestra que no estamos enviando a lo mejor de nuestra especie a colonizar la galaxia. Cuando no están cometiendo errores básicos, nos están aburriendo. Lo siento mucho por Demián Bichir, quien al figurar en este elenco se consagra como el primer mexicano en el espacio.

La pequeña fracción de historia inédita o nueva que contiene este episodio es anticlimática porque no sucede en tiempo presente. Es contada en flashbacks o explicada en diálogos que vacían la trama de tensión y suspenso, dejando a los protagonistas como meros arqueólogos (unos no muy aptos) que infieren que en esas ruinas, alguna vez, hubo una buena película de acción. Quizá el peor signo de esta franquicia es su desvirtuada representación del xenomorfo. Desde Prometeo, ya se veía cómo los guionistas querían darle a la criatura en la que se basa todo este concepto raíces más fantásticas o mitológicas que de ciencia ficción. Faltan dos precuelas más de Alien. Esperemos que, al igual que todas las anteriores, no se sientan como déjà vu.

@amaxnopoder

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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