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Miércoles , 20.03.2019 / 12:08 Hoy

Comentario y Debate

El día a día de 100 días

Mauricio Valdés

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Después de conocer el repaso de 100 días de la información cotidiana del Presidente Andrés Manuel López Obrador, uno queda invitado al comentario y al debate.

Como señalaba hace poco más de 2,500 años, Aristóteles: “Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito”. Como es explicable, en 100 días es muy difícil evaluar el desempeño de un gobierno, aunque es posible observar los impactos y sus posibles consecuencias. El diálogo mañanero muestra la oportunidad de que el Presidente toque cualquier cantidad de temas, principalmente los que se refieren a sus banderas de lucha: la corrupción, la inseguridad y la impunidad.

Qué se hizo y qué se dejo de hacer, con que profundidad, avances y consecuencias eso está por valorarse. Las primeras acciones favorecen a unos sectores que las respaldan, y a los que no favorecen las rechazan o ignoran.

Las encuestas siguen marcando una popularidad a su favor de alrededor del 80% de aceptación y un 20 % de rechazo, lo que me recordó el Principio de Wilfrido Pareto (polémico economista, sociólogo y filósofo de finales del siglo 19 y principios del siglo 20) y la regla del 80-20.

Su observación señalaba que la sociedad tenía tendencia a formarse en dos grupos respecto a la posesión de diversos atributos. Dicha regla partió de una reflexión: un grupo del 20% de la sociedad tenía el 80% de un atributo determinado, aunque el otro grupo sólo era el 20% del mismo atributo.

Por ejemplo: el 20% de tu trabajo produce el 80% de tus resultados; en una empresa comercializadora, el 20% de tus compradores genera el 80% de tu facturación; en tu agenda, el 20% de tu tiempo te permite el 80% de tus logros; en la vida, el 20% de las causas produce el 80% de las consecuencias; en tus relaciones, el 20% de las personas que conoces te brindan el 80% del apoyo emocional que recibes; en tu lectura, el 20% de los libros que lees te da el 80% de los beneficios de tu dedicación. Y así 80% de lo que expresa es desechado y sólo el 20% persiste. Por lo mismo, recordar que somos dueños de nuestro silencio, pero esclavos de nuestras palabras, sin excepción.

En la ecuación del discurso, el político se equivoca creyendo que si habla más convence más. Ignora la regla del 80-20, desconoce que el 20% de sus palabras logra el 80% de convencimiento; en contraste, el 80% de lo que expresa contiene las palabras que terminarán por arruinarlo.

Mejor como dice la canción de Silvio Rodríguez “Resumen de Noticias”: “No he estado en los mercados grandes de las palabras, pero he dicho lo mío a tiempo y sonriente”.

@MauricioTexcoco


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