• Regístrate
Estás leyendo: El ruido del tiempo
Comparte esta noticia
Jueves , 21.03.2019 / 21:01 Hoy

Cartel de espejos

El ruido del tiempo

María Isabel Saldaña

Publicidad
Publicidad

Julian Barnes en su novela El ruido del tiempo ( Anagrama, 2016) aborda la vida de uno de los más grandes compositores del siglo XX: Dmitri Shostákovich (1906 -1975) y examina la relación que existe entre el Arte y el Poder en una época que pensar diferente significaba la muerte o ser deportado a Siberia y en donde Stalin “aseguraba que eran todos tornillos en el mecanismo del estado” usando el lema de Lenin “El arte pertenece al pueblo”. Si tu arte no se adaptaba a la nueva política revolucionaria te vetaban o lo que era peor te desaparecían. Shostákovich lo vivió en 1934 cuando estreno su opera Lady Macbeth de Mtsenk en donde el mismo Stalin fue a la inauguración y desaprobó ese arte decadente.


Al día siguiente apareció en el periódico Pravda una crítica adversa, después de eso el compositor dormía vestido y esperaba para que fueran por él. Miedo y terror es lo que usan los del poder para quebrar el espíritu del creador.


Por la voluntad de Stalin el compositor fue “perdonado” y se adaptó al sistema, aunque su arte fue disidente con el cuidado que se debía tener para no molestar. ¿Cómo hubiera sido su música de por sí grandiosa, si hubiera disfrutado de la libertad?


Después de la Segunda Guerra Mundial el Partido lo invita al Congreso Cultural y Científico de la Paz Mundial en Nueva York, se niega. Stalin le llama, Shostákovich aduce que no tiene smoking, se lo harán a la medida, que está enfermo, lo visitará el médico, las excusas sobran y las respuestas también. Al final irá, sus discursos son los del Partido, trata de hablar en un tono de voz plano para que se entendiera que su presencia era forzada. Sin embargo estuvo ahí.


Una pregunta que taladra en su conciencia es “¿A quién pertenece el arte? El arte pertenece a todo el mundo y a nadie. El arte pertenece a quienes lo crean y a quienes lo disfrutan. El arte no pertenece más al pueblo y al Partido de lo que perteneció en otro tiempo a la aristocracia y a los mecenas.


El arte es el susurro de la historia que se oye por encima del ruido del tiempo” “¿Qué podría oponerse al ruido del tiempo? Sólo esa música que llevamos por dentro – la música de nuestro ser- que algunos transforman en auténtica música. Que a lo largo de las décadas, si es lo suficientemente fuerte y auténtica y pura para acallar el ruido del tiempo se transforma en el susurro de la historia”.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.