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Miércoles , 20.03.2019 / 12:32 Hoy

Columna de María Doris Hernández Ochoa

A la memoria del padre González Salas, cronista vitalicio

María Doris Hernández Ochoa

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Cada 20 de julio los tampiqueños debemos considerarlo como día de luto, porque en esta fecha de 2010 , falleció el cronista vitalicio del puerto, Carlos González Salas.

Murió en medio de sus libros y proyectos escriturales como buen promotor de la conservación de la historia; fue, por antonomasia, el investigador, de cuya obra todos los investigadores han abrevado.

Tenía 88 años al fallecer, muy menguada su salud que lo tumbó por años a una cama espartana padeciendo aguda disminución de la vista, pero siempre inquieto por dar continuidad a sus proyectos inacabables.

Nacido en Tampico el 6 de octubre de 1921 y ya de adolescente, sintió fuerte llamado a la vida religiosa, cuando apenas hacía estudios elementales en las escuelas “Manuel Altamirano” y “Juan B. Garza”.

Ya para 1934 ingresaba al seminario de Guadalajara, de donde egresó para continuar sus estudios de 1937 a 1944 en el seminario de Montezuma, Nuevo México, que fue un baluarte para la continuidad de la carrera de los religiosos mexicanos desde los años de la Guerra Cristera (1926-1929). De esa época surgió su novela “Jaiba”.

Se ordenó en 1955 cuando cursaba filosofía y letras en Salamanca, España de donde egresó en 1956, para seguir estudios en el Instituto de Ciencias Sociales, de Roma. Con ese bagaje, regresó a Tampico para convertirse en brillante maestro en el Seminario Conciliar de Tamaulipas y en instituciones laicas, donde mostraba una profunda idea social.

En 1976 fue nombrado cronista de Tampico, siendo además responsable del archivo histórico de la iglesia catedral.

Miembro del Instituto de Investigaciones Históricas de nuestra Universidad, combinó su quehacer con la fundación de cajas de ahorro y de cooperativas.

Fue el primero en recibir en 1992 la presea municipal al mérito ciudadano “Fray Andrés de Olmos”, pero éste fue sólo un premio a otros innumerables y reconocimientos en Tamaulipas.

Sus obras no fueron sólo históricas, sino también filosóficas, sociológicas y filológicas … se estima que su producción editada llegó a los 80 títulos, siendo las más conocidas: “Mi ciudad”, “El reloj en vela”, “Tampico a vuelo de concord”, “Tampico es lo azul”, “Crónicas de Tampico”, “La evangelización de Tamaulipas”, en varios tomos. También editó junto con Juan Fidel Zorrilla, el Diccionario Biográfico de Tamaulipas, IIH-UAT 1984.

El archivo histórico municipal lleva su nombre, aunque hubiese sido más justo que lo llevase la Casa de la Cultura, pero en realidad esto es irrelevante, porque el nombre de Carlos González Salas está impreso en docenas de libros y cientos de artículos, que resistirán el paso de los años, útiles para los investigadores.

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