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Martes , 23.04.2019 / 16:21 Hoy

A la intemperie

Montañas

Marco Provencio

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Una reflexión confuciana dice que quien quiere mover una montaña tiene que empezar cargando piedras pequeñas. Nuestra sociedad quiere deshacerse de la cordillera de problemas que nos agobian, pero pocos están dispuestos a hacer su tarea removiendo tan siquiera las piedras que cada quien tiene frente a sí.

Queremos que cualquiera de nuestras sierras madre se vuelva una planicie bondadosa mediante el puro voluntarismo de creer que por sí sola una persona cambiará las cosas. O que la cordillera norteamericana sea de nuevo generosa si tan solo mantenemos el camino adoptado tras la quiebra del modelo económico del echeverrismo. O que el eje neovolcánico, ese que rodea al atribulado Valle de México, se transforme en una llanura fértil simplemente mediante el cambio a través de la unión de los opuestos.

Total, queremos mover o, mejor aún, desaparecer montañas, montañas cuyas cúspides con frecuencia no alcanzamos a ver porque están cubiertas por grandes nubarrones, pero no comenzamos por lo que tenemos, literalmente, al alcance de la mano. No lo hacemos porque estamos intoxicados de derechos y carentes del sentido del deber; porque en lugar de avanzar en años y décadas recientes por la ruta del civismo, lo hemos hecho por la del cinismo ante el descrédito de buen número de instituciones públicas o privadas; porque el acento en el individualismo y el materialismo de la época nos ha alejado de aquellos valores que son el adhesivo indispensable de la cohesión social.

Este es el contexto en el que se ha dado el llamado de López Obrador para llevar a cabo un “diálogo para moralizar” a México, ejercicio cuyo resultado último sería la redacción de una “Constitución Moral” por un Constituyente designado para tal propósito. Hay quien dice, y dice bien, que no se puede “legislar la moral” ni “ejercer la moralidad como principio o eje de acción pública”. Otros señalan que no se puede pretender estar en la cima de la rectitud y la bondad cuando se está rodeado de personas que no tendrían opción alguna a contar con una “cartilla moral” (Alfonso Reyes dixit).

Todo ello es correcto, pero no minimiza el que, en una de sus intervenciones más relevantes en estos meses, se haya dado el espacio para hablar no solo del bienestar material sino también del bienestar del alma, de la reconciliación necesaria en virtud de la crisis por la pérdida de valores, de la necesidad de rescatar la enorme “reserva moral de México… mediante valores que no hay que importar, pues ya los tenemos…”. En esencia, ha abierto una rendija en la temática general de las campañas, pues al parecer dice a quien le quiera oír que, tratándose de mover una montaña, hay que empezar retirando cuando menos las piedras que cada quien carga en los zapatos. ¿Cómo le hará con las que él mismo lleva encima?

mp@proa.structura.com.mx

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