Morena parece encontrarse ante una encrucijada: o entiende la política como construcción de acuerdos o se impone con una mayoría con la que pretende prescindir de sus aliados.
En política pretender avasallar puede ser tan riesgoso como subestimar a los aliados, imponiendo medidas a modo como la realización de encuestas aplicadas unilateralmente sin la participación del Partido Verde y el Partido del Trabajo, dejándolos fuera de las negociaciones para elegir candidatos, como recién sucedió con la imposición de los Defensores de la Transformación y la Soberanía en distintas entidades federativas.
La pregunta de fondo sería ¿Qué gana Morena tratando de imponer en lugar de negociar? y más aun, cuando el país enfrenta una presión que no puede minimizarse, -como el ejemplo más reciente, la intervención de Trump en la ONU, en donde nuevamente volvió a colocar a México y a los cárteles en el centro de su discurso sobre seguridad, afirmando que nuestro país debe recuperar el control de su territorio-, por lo que sería un error agregar innecesariamente conflictos internos a un escenario suficientemente complejo.
La llamada de emergencia ya no es solamente electoral, sino también política, por lo que Morena tendría que recordar que la mayoría no se administra con soberbia y que los aliados no están para ser utilizados cuando conviene y olvidados al no ser necesarios.
A ello habría que agregar un elemento que Morena no debería menospreciar, ante el desgaste de su propia imagen: Mitofsky reportó recientemente una disminución de 6.6 puntos en la opinión favorable hacia ese partido en un año, por lo que resulta contradictorio pretender el avasallamiento a los aliados que pueden contribuir a fortalecer la imagen e identidad de la 4T. La política de alianzas también implica reconocer la dignidad y la aportación de cada fuerza.
Séneca, al hablar de la ingratitud, advertía que olvidar los beneficios recibidos puede terminar perjudicando a quien los olvida. En política, quien desprecia a sus aliados puede descubrir demasiado tarde cuánto necesitaba de ellos.
Morena debe comprender que una alianza no puede sostenerse únicamente con la conveniencia electoral, requiere respeto, reciprocidad y reconocimiento político.
La cuestión de fondo es si Morena está dispuesta a construir una coalición entre iguales o pretende una alianza subordinada a sus intereses, ante lo cual el Partido del Trabajo ha expresado su inconformidad por el incumplimiento de los acuerdos contraídos con anterioridad, por lo que preferiría romper con la alianza.
Mientras el Partido Verde parece esperar las concesiones del poder, el Partido del Trabajo reivindica su dignidad y autonomía, demostrando que ser aliado de Morena no significa renunciar a su identidad y su total respaldo al movimiento de la 4T que encabeza la Presidenta Sheinbaum.