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Jueves , 21.03.2019 / 11:19 Hoy

A puerta cerrada

El son de violencia jarocho

Marcela Gómez Zalce

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Lo más aciago de una traición, mi estimado, es que nunca proviene de los enemigos. Algo está podrido en Veracruz. Ahí donde abundan los recursos naturales, hidrocarburos, forestales e hídricos, pesan los malos gobiernos, la impunidad y la corrupción que han dejado una estela de abundancia en las manos y cuentas de unos cuantos.

El tsunami moreno que arrasó en el proceso electoral no ha sido una bocanada de aire para la población sino una ráfaga política descoordinada, improvisada y además combinada con índices de creciente inseguridad. A casi 100 días de haber asumido el poder, Cuitláhuac García ha sido incapaz de reducir la violencia desencadenada por el crimen organizado. Su estrategia de esconderse sistemáticamente detrás de López Obrador y repartir culpas mirando al pasado para justificar el fracaso del presente pinta de cuerpo entero a un gobernador irreflexivo, precipitado en sus juicios y confiado en que la Guardia Nacional resolverá el desastre milagrosamente.

Sume una obsesión, empujada desde Palacio Nacional, de aplastar al fiscal Jorge Winckler utilizando el poder que detenta el Presidente, tirando por la borda su discurso de no utilizar el Estado contra un adversario. Las omisiones y el deficiente trabajo de la fiscalía para dar resultados no deberían ser justificación alguna para que García Jiménez, en colusión con funcionarios de la secretaría de Alfonso Durazo, pretendan armar un caso para la remoción haiga sido como haiga sido de Winckler, quien en defensa propia ha notariado votos en el Congreso para evitar ser destituido.

El pleito gobierno-fiscalía salpica a nuestras fuerzas armadas, que han sido arrastradas en la vorágine de los golpes bajos de un (des)gobierno con desplantes y un gabinete rebasado ante la crisis de violencia negando la entrada al fiscal a los gabinetes de seguridad; lo importante son las vencidas entre el fiscal y el gobernador y que se jodan los veracruzanos.

En ese escenario flotan las ambiciones de funcionarios por fijar agenda, bloquearse entre ellos y torpedear la línea presidencial. La ruta no es clara. La meta se confunde. El desorden como insignia mientras el río de sangre baña al gobernador y salpica a López Obrador.

Una desgracia.


@GomezZalce

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