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La Silla

¿Quién quiere escuchar al funcionario?

Manuel Baeza

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Es un ejercicio de imaginación. ¿Qué pasaría si un día en México se decide que a los actos públicos, aquellos que encabezan los funcionarios, no fuera obligatorio asistir? Tengo la impresión de que resultarían desangelados, si no que vacíos de entusiasmo.

Porque a decir verdad pocos, muy pocos, estamos interesados en escuchar los discursos de los políticos convertidos en funcionarios.

Y pongo ejemplos, con nombre, para que el ejercicio sea real. ¿Acudiría usted a un acto donde el gobernador Enrique Alfaro inaugure una obra? ¿Asistiría por decisión propia a un acto donde Andrés Manuel López Obrador presente un programa de apoyos sociales?

Por supuesto que los funcionarios-políticos no se quedarían solos. Si se inaugura una obra, seguro los vecinos beneficiados, los más cercanos, estarían allí, pero no más. Y se presenta un programa social, seguro acudirán a escuchar el discurso los expertos sobre el tema, pero no más. ¿O acaso faltaría usted al trabajo, o a la escuela, para acompañar al gobernador o al presidente?

Los actos multitudinarios en favor de los políticos son una vieja herencia política de los gobiernos populistas. Había que acarrear gente por todos los medios posibles para hacer creer al funcionario que las multitudes lo aclamaban. Y eso era posible porque no existían las redes de comunicación que tenemos ahora. Si quisiéramos saber estaríamos atentos a la transmisión del acto en Facebook, en Twitter, o incluso por radio y televisión. Pero no más.

Todas esas actividades públicas, como las que ocurrirán el sábado en Jalisco, son simples actos de ilusionismo. No hay interés real en estar allí.

Lo ideal sería cambiar las cosas. Que el político-funcionario se presente en una plaza no para hablar, sino para escuchar. Que el gobernador o el presidente vayan a comunidades y se sienten a conocer qué es lo que los pobladores tienen que decir. Y que al final no haya un largo discurso por parte del funcionario, sino simplemente un compromiso de atender las necesidades y las solicitudes.

Eso sí sería un verdadero acto público. Y seguramente faltarían sillas para acomodar a todos.

twitter: @baezamanuel

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