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Sábado , 20.04.2019 / 17:45 Hoy

Contracorriente

El hogar “perfecto” con mujeres “invisibles”

Maite Azuela

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Si nos preguntarán qué tan justos somos en nuestros propios hogares, la mayoría de nosotros evaluaría nuestras relaciones de pareja, las decisiones que tomamos en la educación de nuestros hijos, con suerte revisaríamos qué tanta equidad hay en la distribución de responsabilidades domésticas y en los espacios de desarrollo profesional o hasta el cuidado que damos —si es que tenemos— a nuestras mascotas.

Muy pocas empleadoras o empleadores tomarían en cuenta su relación laboral con las trabajadoras domésticas para definir si son personas justas o no lo son. Sin disculpar que así sea, vale la pena tratar de entender a qué se debe la ausencia de visibilidad de quienes todos los días cohabitan en nuestras casas haciendo las labores domésticas, cuidando a nuestros hijos o nuestros familiares mientras nosotros estamos en la oficina o en otros compromisos.

El último corte de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), realizado el primer trimestre de 2017, arrojó que había 2 millones 480 mil 466 personas ocupadas en trabajo doméstico remunerado. Esto equivale a 4.8 por ciento del total de personas ocupadas, de las cuales 93 por ciento son mujeres. El 5.7 por ciento son niñas o adolescentes entre 5 y 17 años de edad.

Una de las evidencias de que no son consideradas formalmente en el mercado laboral es que 99 de cada 100 trabajadoras remuneradas por trabajo en casa laboran sin un contrato escrito. Otra muestra de la poca importancia se le da a su aporte en la vida económica de las familias y del país es que más de 70 por ciento gana, cuando mucho, hasta dos salarios mínimos.

Para que hagamos un ejercicio de verdadera introspección, las preguntas sobre qué tan justo es nuestro hogar tendrían que ser: ¿tenemos un contrato escrito con la empleada doméstica? ¿Respetamos la jornada laboral de ocho horas diarias con descanso para alimentos? ¿Les otorgamos vacaciones pagadas, en vez de dar por hecho que si viajan con nosotros para cuidar a nuestros hijos sus vacaciones quedan cubiertas? ¿Les damos un pago justo de al menos 300 pesos por día? ¿Les entregamos el aguinaldo sin retraso o esperamos a comprar los regalos decembrinos para ver si nos alcanza? ¿Cubrimos el pago justo de horas extras por trabajo en días inhábiles o damos por hecho que como necesitan el trabajo se ajustan a “nuestras necesidades”?

Para hacer visible la injusticia, ser autocríticos con nuestras acciones en casa y hacer un cambio que comience ahí, donde realmente podemos hacer la diferencia, hoy se lanza la campaña Empleo Justo en Casa. Es resultado del trabajo entre el grupo de empleadoras Hogar Justo Hogar, la organización de trabajadoras del hogar remuneradas CACEH, La agencia Montalvo que trabajó pro bono, ONU Mujeres y el equipo comprometidísimo con esta causa del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir. Difundirla y apropiárnosla puede ser un primer paso.

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