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Sábado , 23.03.2019 / 03:53 Hoy

Entre tangos y vino tinto

Los recuerdos y la teoría de la felicidad

Magda Bárcenas Castro

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Ayer por la tarde hablaba con un amigo acerca de los recuerdos de la infancia, de todas esas imágenes que llevamos guardadas y que salen a la luz en los momentos menos esperados… pero gracias a Dios siempre en los más oscuros. Había llegado a casa con la pesadez atrapante del dolido, pero en medio de su historia llegó un recuerdo: Él mencionaba su infancia en el campo, en la sensación del aire en su cara y ese inolvidable olor a tierra mojada mientras lo abrazaba su abuela en medio de un terreno lleno de pinos. Su cara se iba iluminando mientras avanzaba y me entregaba más detalles acerca de esa imagen mental, de lo que estuvo siempre con él y que jamás se había ido. Sólo bastaba recordarlo.

Fue ahí donde inicié hablándole de algo que vengo pensando hace tiempo y que este domingo quisiera compartir contigo, algo que yo llamo: “La Teoría de la Felicidad”. Basta con estar en un momento difícil para que la pongan en práctica, es gratis y además pueden compartirla para que todos puedan gozar de ella. Y es que ¿Quién no se ha sentido alguna vez deprimido? Todos. Nadie puede escapar de la vida, pero si podemos afrontarla de diferente manera.
Mi Teoría de la Felicidad es muy simple: La felicidad salta. No importa el tiempo, ella siempre busca al protagonista y va detrás de él durante toda la vida para recordarle el pasado. Los recuerdos acarrean pedacitos de tiempo, lo curioso es que ellos nunca envejecen, siempre verás esas imágenes como una fotografía indestructible. Es maravilloso saber que la felicidad se resguarda para poder salir cuanto lo necesites, cuando estés listo.
Debo confesar que cuando murió mi padre lo entendí todo. Fue en ese momento que puse en práctica esta teoría, el repasar del tiempo, el cambio de las lágrimas a la nostalgia y la mágica teoría que cambió mi vida.Creo fielmente que los recuerdos se pueden convertir en una manera de abrazar y que siempre acudirán a ti cuando los necesites. Me gusta pensar que nos persiguen, que están ahí para reconfortarnos en esos momentos en que podemos oscurecer. Créelo.
Un té rojo, libros apilados y la paz de este día junto con mi cuaderno de escritura son parte de mi historia en este momento, así es cómo intento seguir acumulando lindos recuerdos, momentos que puedan ayudarme cuando se asome le tristeza.
Ayer mi amigo volvió a ser un niño mientras cerraba los ojos, llamó a sus recuerdos y se reunió con su abuela quien le sonrió y lo dejó listo para volver a vivir, pero esta vez… más fuerte que nunca.

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