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Jueves , 21.03.2019 / 16:26 Hoy

Entre tangos y vino tinto

Cuando el “hombre disfrazado de jefe” aprendió a tratar bien a sus empleados

Magda Bárcenas Castro

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Hace poco tuve una diferencia con un encargado del lugar donde trabajo. Ni siquiera puedo llamarlo gerente porque nunca conocí a una persona tan odiada entre los trabajadores. Estos días he reflexionado mucho acerca de la palabra “jefe”. Yo nunca lo fui, siempre vi a mis compañeros como las personas más importantes con las cuales sin su apoyo y experiencia nunca hubiera podido realizar mi trabajo en el tiempo que estuve como responsable del diario. Me gustaba ser una compañera más, alguien a quien le podían contar si tenían algún problema y ver de solucionar las cosas para realizar mejor nuestro trabajo durante cada jornada. Creo que más que jefe hay que aprender a ser líder, a tratar a las personas con respeto, porque al fin y al cabo todos somos iguales. En la vida no hay rangos, sólo personas ocupando puestos. Hace una semana no me pareció la forma en la que me hablaron, un hombre “disfrazado de jefe” me amenazó con suspenderme si seguía diciéndole lo que no me parecía y después de oírme a fuerzas… me dijo “no vengas más” ¿Saben por qué? Por decir lo que pienso. Emily Dickinson tiene una frase que adoro: “Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie”. Al otro día me llamó mi verdadero jefe.Me dio la razón y me pidió que no faltara. Trabajé, fui el día que se supone me iban a suspender y los días consecutivos normalmente. “El hombre disfrazado de jefe” tuvo que aprender a trabajar conmigo ¿Saben por qué? Porque nadie tiene derecho de maltratarte sólo por un ridículo cargo. Nadie puede humillarte. La vida no es así y no hay que dejar que lo sea. Mi profesión es el periodismo, la escritura, las letras, pero mi mayor don es la libertad de expresión, no sólo en mi trabajo si no en la vida cotidiana. Esta es mi misión de vida. Mi vocación. “El hombre disfrazado de jefe” no es digno de ninguna empresa. Aprendamos a trabajar en armonía, con respeto, con buenos modales… cómo nos inculcaron nuestros padres cuando éramos niños. Pongámonos en el lugar de los otros. La clase trabajadora es la que mueve el mundo. Hay que defender nuestros derechos no sólo cómo trabajadores sino como seres humanos. Tú que eres jefe conoce a tus trabajadores para que les saques el mejor provecho, pues un empleado feliz rinde el doble. Y tú que eres igual que yo, un humilde trabajador aprende a servir, a hacer bien tu trabajo pero nunca olvides que sin ti las empresas no serían nada: Hay que trabajar unidos y formar un vínculo.

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