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Domingo , 24.03.2019 / 10:31 Hoy

Entre tangos y vino tinto

Convirtiendo la desgracia en algo positivo

Magda Bárcenas Castro

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Siempre he creído que el mundo regala cosas que sólo el observador comprende. No todas las personas son capaces de disfrutar de todo aquello que nos entrega la vida. Debemos estar alertas para poder entenderlo: Las señales sólo las encuentran quienes las andan buscando.
Así ocurrió conmigo, pues desde hace varios días iban y venían en mi cabeza las imágenes del noticiero de la noche en donde una comerciante argentina había sigo la nota principal. ¿El motivo? Una inspección de sanidad a un camión de repartición de productos lácteos había resultado negativo por causa de un desperfecto en la puerta. Durante el camino, la comerciante fue advertida de que iban a confiscarle todo en cuanto llegara a su destino debido a que esto habría cortado la cadena de frío.
Sin embargo, al momento de detenerla la mercadería aún servía. Ella como buena ciudadana aceptó su error pero como ser humano no se quedó con las manos cruzadas y decidió hacer algo positivo a pesar de que iba a perderlo todo. Para ella en ese momento era mejor pensar en los demás que pensar en el beneficio propio así que se detuvo en una comunidad rural de gente humilde pero muy trabajadora.
Abrió su camión, empezó a llamar a la gente y regaló todo lo que tenía. Fue muy emotivo ver ese reportaje que sin duda dejó una huella en mi corazón. Y fue ahí cuando me puse a reflexionar acerca de cómo un suceso negativo puede volverse positivo, impactar y beneficiar a todos los que se encuentran a nuestro alrededor si así lo queremos, si tenemos fe y confiamos en que estamos haciendo lo correcto.
Eso lo recapacité caminando, por las callecitas de Buenos Aires, justo en la esquina de Medrano en el Barrio de Almagro, esa fue mi señal, esa fue la respuesta personal que estaba buscando y al alzar la mirada la encontré de paso en medio de una plaquita de bronce en homenaje al poeta Argentino Mario Jorge de Lellis que casi me gritaba la siguiente frase: “Tengo un patio en el alma donde cabe el mundo”. Allí me di cuenta que debía de escribir esta columna y de compartirlo contigo quizás con la misma ilusión, como una desconocida que intenta repartir un poco de esperanza en medio de tanta miseria y caos alrededor del mundo –de la misma forma en que aquella hermana argentina vino a hacerlo conmigo-.
Esa fue una señal y está columna quizás mi manera de entenderlo, de volver a repasar la enseñanza que dejó para mí y que tal vez a ti pueda servirte de algo: Podemos convertir una desgracia en algo positivo.

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