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Viernes , 19.04.2019 / 16:40 Hoy

Catarata

El Tec renunció a pensar

Luis Petersen Farah

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Había que hilar fino. El Tec perdió la oportunidad de aportar algo significativo a un problema grave, el del acoso sexual hacia alumnas y alumnos en los recintos educativos.

Decidió que mejor no se hablara más, igual que en el caso del terremoto del 19 de septiembre. Tomó la ruta más simple para deshacerse del asunto y dejó ir la ocasión de ser el modelo a seguir, como lo ha sido en tantas otras cosas.

Ante el caso del maestro acusado (con nombre y apellido) en redes sociales (anónimas), el Tec respondió con la instalación de un protocolo que, dijeron, existía en la institución. Bien. Las alumnas que se sintieran afectadas podrían denunciar los hechos, con libertad y seguridad. Después se daría el veredicto, y con ello, se otorgaría certeza a todos de sus derechos y de lo que se esperaba de ellos como parte de la comunidad.

Sí, qué bueno, pues estamos hablando de temas en los que hay que ir caso por caso, donde el cuidado es clave. Queramos o no, ya no estamos en los tiempos de la moral victoriana, ni sigue vigente la moral sexual de la virginidad hasta el matrimonio, o del matrimonio como la única cancha para el juego sexual. Más aún, solo hagan un sondeo entre parejas, casadas o no, bien avenidas o no, homosexuales o heterosexuales: muchas de ellas se conocieron en la universidad y no pocas en medio de una relación docente-alumno.

Por eso, hay que buscar en cada situación la delgada línea entre el acoso y las relaciones interpersonales. La respuesta puede tener repercusiones profundas en los implicados.

¿Qué pasó al fin en este caso? Un comunicado oficial dirigido a la comunidad informaba que el maestro dejaba de prestar sus servicios. La razón: “En nuestra institución tenemos cero tolerancia a conductas inapropiadas que atenten contra la dignidad de las personas”.

¿Hubo acoso, como decían las redes anónimas? ¿O el maestro tuvo pareja o parejas entre sus alumnas? ¿Hubo insistencia? ¿Hubo utilización perversa de su poder como maestro? ¿De qué se acusa cuando se habla de atentado a la dignidad?

¿Solo están dejando que corran las versiones anónimas de redes, dándoles una legitimidad con su silencio? ¿Hubo derecho de réplica? ¿Por qué no hay continuidad del asunto en tribunales?

¿Es seguro para alumnas, alumnos y maestros un proceso así? ¿Es educativo para todos?

¿Realmente fue un protocolo serio, o llegó desde la presidencia del Tec un manotazo sobre la mesa?

luis.petersen@milenio.com

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