• Regístrate
Estás leyendo: Menos reforma y más educación
Comparte esta noticia
Jueves , 25.04.2019 / 20:07 Hoy

Catarata

Menos reforma y más educación

Luis Petersen Farah

Escuchar audio
Publicidad
Publicidad

La escuela va mal y no avanza. No me cuenten que para mejorarla se necesita una reforma educativa después de otra reforma educativa y después de otras cosas que llamaron alianzas y pactos. De veras, no.

Admito, claro, que se requieren reformas a la Constitución; sé que un cambio en la ley ayudaría al mejor desempeño educativo de los maestros y de los alumnos, sobre todo al bienestar de ambos. Pero no es una condición de posibilidad para que las prácticas educativas impulsen con cada vez más brío a los niños y a los jóvenes hacia la curiosidad, el aprendizaje, el reconocimiento de nuestras culturas y la reflexión de lo humano.

Entiendo incluso que se le dedique un tiempo a la discusión de los cambios legales y los diseños institucionales. Sin embargo, la ley nunca va a suplir el esfuerzo y la pasión por educar y por educarse. No la agarren de pretexto.

No se necesita una reforma, por ejemplo, para que todos los maestros estén en clase y hagan un trabajo adecuado y vigilado y se comprometan con el aprendizaje de sus pupilos según fueron formados.

No se necesita una reforma para que las escuelas normales sean punta de lanza del sistema educativo y preparen maestros para que se sigan preparando toda la vida.

El riesgo mayor no es que la nueva reforma, como las anteriores, no se centre en lo educativo. El riesgo consiste en que mientras se discute la reforma, se suspende el interés por mejorar la situación de los alumnos de hoy, de las generaciones actuales y próximas. Se suspende la educación.

Con o sin reforma, los resultados tienen que ser mejores que el año pasado. Con o sin reforma, el gusto y la competencia por las matemáticas, la ciencia, la lectura y el pensamiento, así como el aprecio y la satisfacción por la solidaridad y la vida buena, deben ser mayores entre los educandos de primaria y secundaria que ayer salieron de vacaciones. ¿A quién le importa hoy? No sé. Pero si no podemos con eso, no hay reforma que valga ni ley que remedie.

El sentido común sabe que la ley no es el motor, ni el auto ni el conductor, ni siquiera el camino. Es en todo caso el mapa: ubica los derechos y los deberes de cada una de las partes pero no traza las rutas. Y ley, ya tenemos. Es increíble que lo que hoy y desde hace tiempo mantiene en vilo a la educación es un cambio en la ley.

Con las leyes actuales tenemos suficiente para hacer educación y para mejorar la educación. O veámoslo al revés. Si las reformas garantizaran los resultados deseados, ya estaríamos en el top five de Pisa.

Nada garantiza que con una reforma educativa más lograremos cambiar y alcanzar las metas de aprendizaje y educación que supuestamente queremos.

Tienen razón sin duda el Presidente de la República y el secretario de Educación en su insistencia en el diálogo, más diálogo y aún más diálogo. Por mí, pásense todo el sexenio dialogando. Es un gran ejercicio que incluso se podría convertir en algo educativo. Pero la educación tiene que cambiar hoy.

Así que, señores legisladores, señores funcionarios, señores maestros: dialoguen, dialoguen, dialoguen, pero sobre todo, mejoremos los resultados de nuestras escuelas con lo que ya se tiene como marco legal. Es más difícil, pero realmente transformador.

luis.petersen@milenio.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.