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Martes , 23.04.2019 / 17:44 Hoy

Catarata

Invitados a pensar cómo pensar mejor

Luis Petersen Farah

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Suspender nuestros juicios, acudir con cuidado a las estadísticas, aceptar la complejidad, buscar en qué nos estamos equivocando, reconocer los sesgos y los posibles prejuicios en nuestros propios juicios, superar el blanco y negro y dar la bienvenida a los medios tonos.

Es cierto que nuevo gobierno está poniendo a prueba la capacidad mexicana de pensar. Y muy particularmente, la capacidad de las clases escolarizadas, que estas semanas han tenido mayor necesidad de expresarse y de convencer a otros acerca de los que llaman errores, pifias, incongruencias, desplantes, ocurrencias o asomos de dictador en Andrés Manuel López Obrador.

Por supuesto que el derecho a opinar, de la forma que sea, no está en cuestión. Pero nos va a ir mejor si tratamos de elevar la calidad del debate. Y el nivel del debate requiere mejorar el nivel de pensamiento.

Las nuevas circunstancias nos llaman sobre todo a pensar las cosas. A pensar cómo pensar mejor el presupuesto, los sueldos de funcionarios públicos, las consultas, el NAIM, la tensión generada con la Corte y el Poder Judicial, la zona libre de la frontera norte. O las cosas que van pasando, como la caída del helicóptero que llevaba a la gobernadora de Puebla, Martha Érika Alonso, y al Senador Rafael Moreno Valle.

Cualquiera diría que gana la flojera cuando escucha ciertas afirmaciones entre personas que pasaron por la universidad. El punto es que echar a andar la inteligencia, aunque sea en el nivel de la opinión y del sentido común, es una tarea complicada que requiere esfuerzo, actitud, atención. Y aceptar que por más títulos que nos haya dado la más pomposa de las instituciones educativas, estamos propensos cada vez al error: cada vez se nos requiere activos (todo lo contrario, por cierto, al tedio y al aburrimiento).

Tres puntos elementales



Provisionalidad.

Cualquier proceso de conocimiento es el producto de ajustes sucesivos. En otras palabras, no hay una conclusión válida que no se haya corregido varias veces; ninguna puede expresarse sino como un paso en este proceso de corrección (incluido esto, claro).



Y hay momentos en que vale la pena esperar antes de afirmar o negar algo, de juzgar. La suspensión del juicio es parte de la buena racionalidad occidental, de las reglas más fundamentales del pensamiento: manténganse todo lo alertas que quieran, pero no lleguen a una conclusión todavía. Esperen más datos, esperen a que terminen de pasar las cosas y sean posibles mejores intelecciones.



Apertura inicial.

No es lo mismo decir: hizo mal porque todo lo hace mal, que decir: hizo mal porque lo hecho tiene tales consecuencias. Nos encontramos muchas veces con conclusiones previamente tomadas, producto de fobias y filias. Una pregunta autocrítica valiosa puede ser: ¿estoy abierto a cambiar de parecer? ¿A defender el punto de vista contrario?



Sesgos y prejuicios.

Aún con apertura y disponibilidad, erramos también porque acudimos, sin criticarlas, a explicaciones comunes que están ahí a la mano y por eso se nos ocurren (AMLO = Maduro); o explicaciones basadas en parecidos, sin darnos cuenta de que habría más parecido aún con otros fenómenos que nos llevarían a una conclusión opuesta.



Invitados, pues, a pensar cómo pensar un poco mejor.




luis.petersen@milenio.com





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