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Domingo , 24.03.2019 / 16:15 Hoy

Catarata

Antiaborto: el estado número 19

Luis Petersen Farah

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Nuevo León aprobó el miércoles la reforma a su Constitución que lo blinda de una eventual despenalización del aborto. En adelante, si alguien quisiera hacerlo en este estado, tendría que emprender un largo camino de regreso con dos vueltas de votación y mayoría calificada en cada una.

Es la entidad número 19 en hacerlo después de que Ciudad de México despenalizó el aborto (Chihuahua ya había acudido desde antes a este tipo de medida). La cascada empezó en Morelos, en diciembre de 2008; se sumaron 13 estados en 2009 y dos más en 2010. Luego siguió por goteo: Veracruz en 2017, Sinaloa en 2018.

Con todo, el blindaje de Nuevo León fue sorpresivo. La primera vuelta de la votación se había llevado a cabo en 2014. Después del lío que se armó entonces, la segunda vuelta quedó congelada.

De repente hace unos días el muerto abrió los ojos y a todas prisas se volvió al tema. Sin convocatorias a discusiones ni consultas, la “protección a la vida desde la concepción” pasó a comisiones, luego al Pleno y listo, quedó aprobada.

Quien sacó el cadáver del ataúd fue el PAN. Por supuesto, votó en bloque a favor. Pero su bloque no alcanza ni para la mayoría simple (tiene 15 de un total de 42 diputados en el Congreso estatal) y la mayoría calificada requerida supone 28 votos. Plancharon entonces la votación con los otros partidos, sobre todo con el PRI, cuyos diputados votaron 6 a favor, incluido su líder de bancada, Francisco Cienfuegos, uno en contra y una abstención.

Los demás votos a favor salieron de la bancada completa del PT (4 votos), dos diputados de Morena (de los ocho que conforman la bancada), dos de MC y uno de la diputada del PES. En total, 30 votos.

Contra el blindaje votaron dos diputados de Movimiento Ciudadano (Luis Donaldo Colosio y Mariela Saldívar) y cuatro de Morena. Además, la única diputada del Partido Verde y la única de Nueva Alianza.

La ley antiaborto quedó votada en medio de duras pero ordenadas discusiones fuera y dentro del Congreso. La foto lo pinta todo: como si fuera un tablero de ajedrez al iniciar el juego, un bando de ciudadanos levanta pañuelos blancos y otro hace lo mismo enfrente con pañuelos verdes. Al centro, discuten acaloradamente. El asunto está lejos de ser trivial.

Por lo pronto, el blindaje está votado y conocido. La Comisión Estatal de Derechos Humanos reaccionó y prepara ya, junto con otras organizaciones, una controversia constitucional.

¿Por qué sacar ahora este tema que une a católicos y evangélicos y divide a la sociedad y a casi todas las fuerzas?

No es un asunto de Iglesias ni de principios ni de distintas concepciones de la concepción. Es estrictamente político: los panistas quieren recuperar sus bases tradicionales, que sienten cada vez más lejos. Y más después de la reciente decisión de la Suprema Corte con respecto al matrimonio igualitario, que en Nuevo León muchos vieron como derrota panista.

Esta semana les salió bien. Al menos hasta ahora. Quienes votaron contra la penalización del aborto tuvieron que hacerlo con riesgo de quedar mal con sus votantes. Quienes votaron a favor entendieron que se subían a un barco con viento popular en popa. Aunque la Suprema Corte se los eche abajo.


luis.petersen@milenio.com

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