Si usted compra un producto o adquiere un servicio, de cualquier índole, y este termina siendo defectuoso ¿Se quedará de brazos cruzados? ¿No reclamará?
¿No acudirá a exigir la devolución de su dinero? ¿No pedirá que lo que usted adquirió se reemplazado por lo que usted pagó? ¿Solicitará que se le cambien por uno funcional?... pues bien, a la Selección Mexicana no la podemos cambiar… ¿O sí?... porque el equipo de Javier Aguirre juega a nada.
En todo el tiempo que Aguirre lleva al frente de la Selección, no ha podido encontrar una alineación titular: no ha conseguido que su equipo juegue bien. No podemos exigirle, por lo tanto, un modelo de juego. Eso ya sería demasiado pedir.
Porque si la Selección va a apelar al esfuerzo, a la garra y al coraje, con eso no se gana un Mundial.
Bueno, solamente con esos argumentos (que no tienen nada qué ver con lo futbolístico) tal vez se pueda ganar algún partido y dar batalla en otros.
Pero eso no es lo que nos han querido vender. Esta es la Selección que menos motiva de los últimos Mundiales. Argumentos en la cancha no tienen.
Tal vez la actitud se podrá aplaudir, pero tanto supuesto trabajo, tantos entrenamientos, tanta planeación
¿De qué ha servido si al final lo único que pondrán será intensidad y actitud? Eso no se entrena.
Y para ir a ver intensidad y actitud pues mejor vemos la división de ascenso. Reconozcámoslo: la Selección Mexicana no motiva.
Por eso los abuchearon en Torreón, en Estados Unidos y, para colofón, en el Estadio Azteca.
Qué lástima que algunos seleccionados no sepan dimensionar ni contextualizar lo que sucede, lo que emana, lo que se desprende y lo que se origina alrededor de un equipo que no tiene ni tendrá suficientes argumentos para plantarle cara a sus rivales una vez que inicie el Mundial.
Y que nadie se asuste ni se haga el ofendido si el efecto generado resultan ser más abucheos, más silbidos, más “Oles” a favor del equipo rival.
Porque todo eso es lo que han cosechado, y el aficionado es soberano y tiene todo el derecho de expresar inconformidad por el producto defectuoso que están recibiendo.
Por cierto, el Estadio Azteca solamente sufrió un “tuneado” ¿De verdad se gastaron tanto dinero solamente para ese “tuneadillo”? Sí impone, claro está, por la magnitud del recinto, pero más allá de eso, no es nada del otro mundo.
Pero eso sí, como dijo Jorge Valdano, es más imponente que el mismísimo Santiago Bernabéu.