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Domingo , 21.04.2019 / 23:29 Hoy

Opinión

Nos ahoga la corrupción

Luis Lozada León

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Estamos nadando en corrupción. En la semana se dio a conocer que México cayó seis lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción publicado por Transparencia internacional, con una calificación de 29 sobre 100, es decir, reprobado. Pese a promesas de campaña de erradicar por completo este mal, la realidad es que esto no se puede eliminar milagrosamente, por más voluntad y buena disposición de algunos candidatos presidenciales, y para muestra, nada más tres botones.

El primero, el caso de la “Estafa Maestra”, de acuerdo a un informe de la Auditoría Superior de la Federación, presentado el 20 de este mes, en el año 2016, la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, que encabeza Rosario Robles, desvió la cantidad de mil 747 millones pesos de recursos públicos, utilizando universidades y televisoras públicas; 11 dependencias “contrataron” a ocho universidades públicas para hacer supuestos servicios que no se efectuaron, las instituciones a su vez, contrataron a 186 empresas, de las cuales 128 eran ilegales y, pese a esto, recibieron tres mil 433 millones de recursos públicos.

En segundo lo del PAN, el lavado de dinero del candidato presidencial, Ricardo Anaya, quien es acusado de triangulación de recursos a través de paraísos fiscales para la “compra y venta” de un inmueble en Querétaro. Anaya desestimó el asunto, calificándolo de Guerra Sucia por parte del PRI y de que la PGR está al servicio del partido en el poder. Andrés Manuel no tardó en pedir que investiguen a Anaya por este asunto y pidió se le bajara de la contienda.

En tercero, el PEJE, quien promete eliminar la corrupción cuando él también está rodeado de ella, y la pregunta obligada es, ¿entonces quién es la opción? ¿Aquél “ya sabes quién” que dice que no es ladrón, pero como Alibaba, tiene a los 40 ladrones y más en la cueva de Morena? Además son las ratas más sofisticadas de todos los tiempos, con trayectorias políticas muy cuestionadas, como lo son Bartlett, Ebrard, Napito, la comandanta Nestora, el profe Bejarano, Claudia Sheinbaum, el senador Barbosa y un largo, larguísimo etcétera.

Hasta ahora, el candidato que resulta menos abollado es el único candidato ciudadano arropado por el PRI-Verde-Nueva Alianza.

¿Cuál es la receta? La receta es apostar por el fin de la impunidad, reforzando todo el aparato judicial para que este tipo de delitos de corrupción no queden impunes en primer lugar, convirtiéndolos en delitos graves sin derecho a fianza. La sociedad civil debe tener a su alcance una serie de herramientas a fin de que puedan tener evidencia de los casos de corrupción que conozcan, que puedan denunciar y lo más importante, que puedan demostrar.

Control y claridad en la distribución de recursos públicos, incluidas las cámaras de diputados y senadores, los organismos descentralizados y las instituciones autónomas por ley, como las universidades, en donde por ejemplo podríamos empezar un ejercicio de equidad, ajustando los salarios de los trabajadores, poniendo como base que el salario no puede ser superior a lo máximo, igual de un profesor de tiempo completo con todas sus prestaciones. Así mismo, en todas las empresas descentralizadas, eliminando de esta forma la “burocracia dorada”, y dándole a cada quien lo que legítimamente le corresponde.

En fin, aún hay mucho que hacer, como darle poder al ciudadano, mejorar la transparencia y, desde luego, el implacable control financiero de recursos públicos y de bienes y servicios, y desterrar para siempre de nuestro vocabulario y mente la vieja máxima “el que no tranza, no avanza”.

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