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Miércoles , 24.04.2019 / 21:23 Hoy

Mirada en la red

Posiciones frente a la finitud

Luis A. Guadarrama Rico

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1) Nuestras reacciones ante muertes violentas que azotan al país, se traducen en preocupación e inseguridad; tristeza, dolor, devastación, rabia y frustración, especialmente si estas fatalidades nos han tocado de cerca. 

Sobreviene el reclamo al Gobierno, por su incapacidad para detener la criminalidad, impunidad y corrupción que mantienen este tipo de abruptos finales en miles de personas, cada mes. La semana pasada, el periodista Jorge Ramos preguntó al presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO)qué haría ante ello. 

El mandatario se comprometió a bajar los homicidios en treinta por ciento, como lo hizo cuando fue Jefe de Gobierno en la Ciudad de México, según expresó. Veremos si se alcanza tan desesperanzadora meta. 

2) Hay expresiones que solemos tener ante decesos de personas famosas o ampliamente conocidas en varios países, debido a sus aportes en campos como la ciencia, la tecnología, las artes, la labor social, empresarial o comunitaria. 

Cuando se trata de una personalidad cuyo fallecimiento se considera prematuro, el lamento, la pesadumbre o la ciber-condolencia en sentidas esquelas o mediante noticiarios tiene, hasta cierto punto, justificación. 

Es posible que nos duela la brevedad de esa existencia por cuanto pudo seguir contribuyendo; ello se entiende. Pero no es menos cierto que, como la filosofía nos lo aportó hace más de 2,500 años, una breve y virtuosa biografía, quizá sea mejor que una prolongada, anodina, criminal, tramposa o fingida y, además, golpeada por los achaques y dolencias de la vejez. 

3) Finales de aquellos seres humanos que han recorrido un generoso tiempo, haciendo lo que más les llenaba y les aportó plenitud. Que además de haber disfrutado de las mieles del reconocimiento por sus contribuciones, de la bonanza, del amor o de los amores, de la existencia buena o virtuosa, logran sobrepasar la esperanza de vida de su respectiva generación. 

Sin embargo, cuando llegan casi de manera natural a su final, en plenitud de facultades mentales, ¿de todas maneras tenemos que calificarlo como «lamentable»? 

El común de la gente suele recargarse en esa expresión. ¿Por qué no el reconocimiento y la humilde aceptación? ¿Cuánto nos parecerá suficiente? ¿Hasta que llegue la decrepitud y el babeo? ¿Hasta entonces? 

Seguiré…

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