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Sábado , 20.04.2019 / 06:00 Hoy

Mirada en la red

Lectura en jóvenes escolarizados

Luis A. Guadarrama Rico

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Formar a un lector es una tarea compleja.

Como en algunos otros aspectos de la vida, no se pueden formar personas que al paso de los años tengan buenos hábitos de lectura, repitiendo cuán buena es la lectura y lo mucho que se aprende.

Una persona que califica como buen lector o lectora, si tiene suficientes motivos, podría ayudar a que otra persona incursionara en esta exigua actividad civilizatoria.

Las conexiones entre libros de diversa índole y otros contenidos mediáticos (películas, reportajes, diarios, revistas, series, videojuegos, obras de teatro, pinturas, esculturas) no solamente existen, sino que hay que hacer ver dichos vínculos a quienes poco o casi nada leen.

Como mera provocación, enseguida algunos títulos, seguidos de sus autores(as):

¿Qué leen los que no leen?, de Juan Domingo Argüelles; Historia de la lectura, dirigida por Guglielmo Cavallo y Roger Chartier; Divertirse hasta morir, de Neil Postman; El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago; El cerdo que quería ser jamón, de Julián Baggini; Un matemático lee el periódico, de John Allen Paulos; Lecturas: del espacio íntimo al espacio público, de Michele Petit; La selva del lenguaje, de José Antonio Marina; Cuentos de matrimonios, compilado por Claudia Piñeiro; La cita y otros cuentos de mujeres infieles; selección de Rosa Montero; Amores virtuales, de Marina Castañeda y, Superficiales, de Nicholas Carr.

Necesitamos explorar, con toneladas de paciencia, qué podría interesar o "enganchar" a cada una de las personas que deseamos forjar como lectores(as).

¿Qué tal a partir de los desenfrenados consumos que tienen los jóvenes en: sus celulares, videojuegos, series, películas o pasatiempos favoritos?

¿Y si fuese a partir de aquellas ideas que tienen en torno sus planes cuando sean mayores?

¿Libros en torno a las dificultades que tiene la formación de lectores?

Todavía más.

¿Qué tal a partir del diálogo profundo para identificar algunas minas temáticas?

Es decir, esa puerta que reza: comienza a leer lo que yo valoro o aquello que me parece relevante es de un egocentrismo que asusta o enceguece.

Por ello, se requiere disponer de un abanico temático, hasta que demos con el duendecillo que engarza al terco no-lector que todos llevamos dentro, con el gradualmente iniciático.

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