“En busca del tiempo perdido (Proust)”.
Mi padre fue un héroe que sufrió una herida en el asalto de los Estados Unidos a Veracruz en 1914, y la presumía con orgullo; también fue revolucionario, y como capitán peleó al lado de Carranza, quien terminó asesinado por Álvaro Obregón. Esa perversidad de matar existió en toda nuestra gesta, que estuvo llena de traiciones y deslealtades, pues Madero murió por el asesino Huerta; a Zapata lo mandaron matar Carranza y Pablo González, y a Villa lo inmolaron por órdenes de Obregón y Calles. Así se sucedió una cadena de actos criminales que culminaron con la Guerra Cristera.
Toda esta parafernalia, que acaeció durante 11 años, después del destierro de Porfirio Díaz, nos condujo también a algunos hechos positivos, pues la Constitución de 1917 les aseguró a los mexicanos, en teoría, el derecho a la educación, al trabajo, a la salud, la vivienda, y en fin, la seguridad social, que se plasmó posteriormente con el IMSS, un ejemplo internacional.
Gracias a la Revolución logramos la Reforma Agraria, que no estoy seguro haya sido de gran beneficio, pues todavía importamos maíz, nuestro simbólico grano; la educación para todos se está logrando en cantidad, pero no en calidad; la democracia real tiene más de 70 años de estar en duda, y recientemente tuvimos la alternancia en el poder y cierto respeto a los derechos humanos de la Revolución Francesa y de las Naciones Unidas en el siglo XX.
El día de hoy se conmemora nuestra gesta heroica y el sueño espiritista de Madero, y como los mexicanos somos una raza muy generosa, le reconocemos al PRI y a Plutarco Elías Calles la época de las instituciones, olvidando, quizás por terapéutica psicológica, las graves ofensas a la vida de miles de mexicanos, producto de la Revolución, que fue previa a la Revolución Rusa y a Stalin, que causó más de 50 millones de muertos, generando actualmente un estado de libre mercado, pero parcialmente imperial.
A pesar de estas contradicciones, hay que cerrar los ojos al pasado gris y recordar siempre la bondad de nuestros revolucionarios, pues muchos de ellos, como Zapata, sí fueron auténticos héroes que pensaron en lo social y no en el poder personal. No como...
luisetodd@yahoo.com