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Sábado , 23.02.2019 / 21:29 Hoy

Desde mi rincón

La tarea

Luis Augusto Montfort García

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Luego de 280 días de ser cómodamente alimentados en un entorno seguro y abrigado, de pronto somos expulsados a otro lugar en el que sentimos frío, sed, hambre y por si esto fuera poco, la sensación de caer en el vacío por una gravitación que apenas unos segundos antes no conocíamos. 

Enfrentarnos a estas nuevas sensaciones nos provoca un estrés y confusión que nos hace llorar y al hacerlo, los alvéolos de nuestros pulmones se llenan de aire y entonces comenzamos a respirar. 

Ahora hemos nacido, nacer duele y llorando, empezamos la nada fácil pero bella tarea de vivir. 


A medida que crecemos, seguimos enfrentando y resolviendo situaciones y adversidades grandes y pequeñas de la mejor manera que podemos.

 Observando y con el ejemplo de otros, aprendemos a defendernos de las amenazas reales o imaginarias que nos acechan y de esa forma incorporamos en nuestra mente (introyectamos) una imagen de nosotros mismos a la que con el paso del tiempo, según sean los éxitos o fracasos, vamos agregando ciertos rasgos hasta llegar a tener un cierto patrón de lo que somos, o lo que creemos que somos. 

En ese patrón resumimos fortalezas y debilidades, virtudes y vicios, cualidades y defectos. Es una autoimagen que nos dice: Así soy yo. 

 
Pero la vida es un constante cambio y casi sin excepción, tarde o temprano todos nos vemos en la necesidad de afrontar un cambio brusco en nuestra vida, algo no previsto que nos toma por sorpresa y nos rebasa, algo para lo cual no estábamos “preparados” porque no lo habíamos vivido antes, entonces vemos que mucho de lo que hay en ese patrón del “así soy yo”, es ahora inútil o incluso un estorbo. 

 El “así soy yo” se ha vuelto un saco muy pesado y difícil de cargar en el que guardamos rencores, frustraciones o tristezas, así como también rasgos que copiamos pero que nunca fueron nuestros. 


Ha llegado el momento de tirar el lastre y seguir adelante. Cambiar para enfrentar el cambio. Si nacer duele, renacer duele de nuevo, pero al llorar respiramos y continuamos la nada fácil pero bella tarea de vivir.

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