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Martes , 19.02.2019 / 03:06 Hoy

Desde mi rincón

Cai Shen

Luis Augusto Montfort García

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Pocas plumas han retratado tan cabalmente la miseria como Víctor Hugo en su magistral novela “Los Miserables”. 

Obra publicada en 1862 pero vigente en todo tiempo en el que exista la brutal desigualdad que desde siempre ha asolado y engendrado toda clase de calamidades a la sociedad humana. 

 
En ella, las vicisitudes de Jean Valjean, Fantine, Cosette, Javert y un sinnúmero de personajes más, plasman no solo las bajezas y virtudes humanas, sino también las paupérrimas condiciones de sobrevivencia que en muchos casos acarrean esas bajezas. 

En sus propias palabras Hugo nos dice: 

“El humano sometido a la necesidad extrema es conducido hasta el límite de sus recursos y al infortunio para todos los que transitan por este camino. Trabajo y salario, comida y cobijo, coraje y voluntad, para ellos todo está perdido… un camino sin salida.” 


Y justamente es la miseria la condición en que la mayor parte de su historia el ser humano ha vivido. No fue sino hasta la Revolución Industrial iniciada en 1760 en Inglaterra y extendida luego al resto de Europa y del mundo, que las condiciones de vida mejoraron. 

El economista Robert Lucas (Nobel 1995) así lo describe: “por primera vez en la historia, el nivel de vida de las masas y la gente común experimentó un crecimiento sostenido… Nada remotamente parecido a este comportamiento económico es señalado por los economistas clásicos, ni siquiera como una posibilidad teórica” . 

Tal vez esta inveterada experiencia de siglos de miseria, sea lo que nos ha generado una fuerte reacción aspiracional que nos hace desear y buscar la riqueza, como un medio para romper la barrera de esa miseria y lograr el bienestar y la seguridad instalados en nuestro inconsciente colectivo, como un símbolo o arquetipo junguiano que habita en nuestra psique más allá de la razón. 


En este campo de lo intangible cabe entonces entender el porqué en todas las mitologías se invoca algún dios de la abundancia, el comercio, la agricultura o cualquier forma de riqueza. Los chinos recién acaban de celebrar al suyo: CaiShen. 

Esperemos que éste no nos resulte muy neo-liberal.

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