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Sábado , 20.04.2019 / 17:40 Hoy

Paralaje

Tema de Estado

Liébano Sáenz

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Cuando nacen las sociedades, los jefes de un Estado son los que dan a éste su carácter especial. Después, este carácter especial es el que forma a los jefes de Estado.

Montesquieu


En una realidad democrática es importante diferenciar los ámbitos de interés del partido/coalición gobernante de los del gobierno y de los del Estado. Quien gana una elección lo hace a partir de una oferta que se asume votada por la mayoría y que, en consecuencia, tiene la obligación ética y política de gobernar conforme a ésta. La realidad se impone y es común que lo que se ofrece en campaña tenga matices o ajustes, pero debe prevalecer un sentido de compromiso con lo que se propuso en campaña.

El ámbito de gobierno pertenece al bien general, esto es, se gobierna para todos y es obligación de la autoridad, además de ajustarse a lo que determina la ley, actuar con imparcialidad y un sentido de compromiso hacia todos. El gobierno no debe tratar por igual a todos y no diferenciar por razones de región, clase, condición social o preferencia política.

El ámbito del Estado es lo que pertenece a todos. Cuando un presidente actúa en su condición de jefe de Estado, lo hace representando al país, a todos, a todos los poderes públicos, a la pluralidad política y social. El interés de Estado es lo fundamental, es lo que nos permite transitar como nación libre y soberana, con un sentido de pertenencia a la comunidad internacional con apego a principios compartidos como son la vigencia de los derechos humanos, la protección del medio ambiente o la contención contra las amenazas mayores como desastres naturales, las pandemias o el terrorismo.

La relación con Estados Unidos casi siempre atiende a razones de Estado. Como tal, el Presidente no está privilegiando a su gobierno, sino a la nación. Es una relación compleja por la asimetría social, cultural y económica; sin embargo, la historia registra un siglo de entendimiento y convivencia civilizada a pesar de dicha asimetría. El país vecino está inmerso en una crisis de transformación; igual México, y no solo remite a un nuevo gobierno, sino a un cambio de la sociedad mexicana que viene de tiempo atrás.

Los mandatarios de las dos naciones tienen su personalidad y un singular estilo de gobernar. Ha sido un acierto que el presidente Andrés Manuel López Obrador haya abonado a la prudencia, activo que no se aprecia en su contraparte. De hecho, el presidente Donald Trump tiene una fama bien ganada de provocador y de calculado descuido en la relación con los gobernantes de otros países, especialmente con sus aliados. En comparación, nada mal le ha ido a México, aunque sus expresiones hacia el país y ocasionalmente hacia las autoridades no guardan comedimiento.

El Presidente de México tiene una difícil y compleja tarea para lidiar virtuosamente con el vecino. Las baladronadas de allá afortunadamente han sido atendidas como lo que son. Es mucho lo que está de por medio en la relación bilateral, pues Estados Unidos requiere de un buen vecino y aliado. Así es por su seguridad, por la economía y por la aportación que millones de mexicanos a la grandeza estadunidense a lo largo de su historia. No es gratitud ni reconocimiento lo que México requiere de Trump, sino algo más elemental: respeto. A eso es a lo que debemos aspirar y el gobierno de México está actuando con claridad sobre lo importante.

El interés de Estado de la relación implica que la sociedad y la pluralidad tengan en claro que más allá de las diferencias propias de una realidad democrática, los mexicanos estamos unidos en torno a nuestras autoridades al momento en que se hace valer el interés del país. El presidente López Obrador, puede y debe contar con el respaldo de todos los mexicanos y también de muchos de los intereses que aquí y allá son beneficiados por la relación bilateral vigente.

Hay temas en la agenda bilateral por atender, además del cumplimiento de compromisos por todas las partes derivadas de la negociación del T-MEC. Las reformas del país tienen su dinámica y a nadie conviene el deterioro de la relación comercial o la falta de entendimiento para un manejo responsable de los flujos migratorios. El vecino ingresa a un momento de riesgo por el oportunismo electoral. Los demócratas quieren imponer su agenda a partir de los compromisos con sus financiadores, más que de su base social; el presidente Trump enciende el fuego nacionalista con interpelaciones antimexicanas, aunque con menor tono a las del pasado.

El gobierno mexicano, la sociedad y el país deben prepararse para esta circunstancia. Es imprescindible entenderla para no caer en el error. La unidad de todos los mexicanos es la premisa para hacer de la adversidad logros y buenos resultados. En nadie debe haber espacio a la reserva por el cuidado que han mostrado las autoridades para atender el tema; así deberá continuar siendo y debe entenderse que, por razones de Estado, la unidad de los mexicanos es para el bien de todos.

@liebano

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