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Miércoles , 20.03.2019 / 16:05 Hoy

Columna de Laura Ibarra

Sobre la triste historia de la hermosa Provincia y su malvada madrastra en el ombligo del mundo

Laura Ibarra

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Esta semana es difícil encontrar vuelos a Guadalajara desde la Ciudad de México. Los hoteles alrededor de la Expo están llenos. La razón: La Feria Internacional del Libro. La frase, “Nos vemos en Guadalajara” es frecuente en la boca de intelectuales y algunos políticos, allá, en el lugar donde supuestamente se deciden los destinos nacionales. (¿De verdad decidieron todo lo que ésta pasando?)

Pero, no es de la FIL de lo que deseo hablarle, sino de esa difícil relación entre la capital y “la provincia”. Cada año, a inicios de diciembre, las elites intelectuales descubren que más allá de las fronteras de su enorme ciudad existe un lugar en que pueden satisfacer su vanidad. En su mapa mental, aparece este rincón del cielo.

¿Por qué le escribo todo esto? Pues, porque ahora que ha empezado el recuento de los méritos y fracasos de Peña Nieto, y se formulan las políticas que deben incluirse en los programas electorales hay que poner de nuevo sobre la mesa la relación entre el Gobierno Federal y “la Provincia”. Permítame explicarle.

El enorme fracaso del presidente Peña Nieto es que jamás entendió lo que es este país. Su universo terminaba en Toluca. La única distancia reconocida medía la capital del estado de México y sus ambiciones en el centro del poder. Lo demás prácticamente no existía. Ni ha existido. Así que su política federalista consistió en darles dinero a manos llenas a los gobernadores. Sin ninguna forma real de control, sin ningún mecanismo para llamarlos a presentar cuentas. El resultado fueron cifras inusitadas de dinero en los bolsillos de los caciques estatales y mayor pobreza en casi todas las regiones de México.

Al final de su sexenio, la corrupción alcanza proporciones inimaginables. Alguien en su gabinete lo convenció de que los males más allá de la vía láctea se solucionaban con la chequera. Bastaba con darles dinero a los gobernadores y combatir la pobreza dando becas. Hay seres que conducen su vida con una lógica simple.

El segundo gran problema de Peña Nieto y del Secretario de Gobernación ha sido, como se ha enfatizado esta semana, las proporciones que ha alcanzado la criminalidad. Nunca en los últimos veinte años hubo un mes con tantos asesinatos como en octubre pasado. Los crímenes subieron en 18 Estados. Las cifras más altas se registran en Colima, Guerrero, Sinaloa y Baja California. En Sinaloa el incremento es del 50 por ciento.

La política de capturar algunos narcotraficantes locales, con todo y balacera, por el Ejército o la Policía Federal, diseñada en algún escritorio importante de la Secretaría de Gobernación, ha servido de muy poco (¿Notó la amabilidad?).

Otro problema que el Presidente dejará sin resolver cuando termine su sexenio es la pobreza. Desde luego que, en la Ciudad de México existe una gran pobreza, pero la extrema pobreza, esa en que no hay dinero suficiente para comer, es la que se vive en algunas regiones rurales, en muchas partes con población indígena. Un mundo incomprensible para un funcionario del centro.

El día de ayer el periódico El Financiero publicó una encuesta de intención al voto de los mexicanos para las elecciones presidenciales del 2018. Andrés Manuel López Obrador con 32% lleva la delantera. Y ¿sabe por qué? Porque el tabasqueño descubrió en los 11 años que lleva en campaña que existe un México que nadie ve fuera de la Capital. Su presencia en esos pueblos, a veces de difícil pronunciación, hace sentir a sus moradores que existen en la geografía emocional. La mafia que critica López Obrador es “la mafia del centro”, su mensaje es parecido al de la Independencia y de la Revolución: “Hay un centro corrupto, que debemos desalojar”. (Si ya sé que la comparación es horrible, pero esto es sólo en términos de mercadotecnia pedagógica).

Recuerdo que una vez asistí a un desayuno con un intelectual que buscaba ser candidato presidencial por la vía independiente. Infundado en un impecable traje blanco (parecía que iba a hacer la Primera Comunión), sumó todos los defectos de “la provincia”. Su arrogancia ni siquiera le permitió fingir la amabilidad de los virreyes. No me extrañó lo que pensaba, lo realmente increíble era que fuera tan tonto para venir a decirnos eso en campaña.

Al final de su sexenio, Peña Nieto descubrió, junto a las ruinas del temblor en el sur del país, que el universo no terminaba en Toluca y que, para mantenerse en el poder, su partido necesita voltear a ver a “la hermosa Provincia”, aunque su candidato parezca la imagen misma del centralismo y el oficialismo.

Definitivamente es urgente repensar el federalismo. Y dejar de creer que aquí nos conformamos con “las visitas inaugurales” del “Centro”.

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