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Jueves , 25.04.2019 / 23:59 Hoy

Columna de Laura Ibarra

¿Qué le pasa a López Obrador?

Laura Ibarra

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Pocos personajes encarnan la corrupción sindical en México de forma tan perfecta como Elba Esther Gordillo y Napoleón Gómez Urrutia. Por lo que resulta bastante extraño que el candidato que ofrece el combate frontal a la corrupción, ahora les brinde refugio a los corruptos.

Esta semana Morena publicó su lista de candidatos plurinominales al Senado, en ella sorpresivamente se encontraban el líder sindical de los mineros, Napoleón Gómez Urrutia. Hay que recordar que los aspirantes en la lista no compiten por el voto ciudadano, sino que tienen sus escaños prácticamente asegurados, pues dependen de la votación que obtenga su partido.

Los hechos del fraude del ex líder minero son de dominio público. Gómez Urrutia tiene problemas con la justicia desde que la cooperativa Veta de Plata lo demandó por haber cometido un fraude en perjuicio de diez mil mineros en 2005. Durante el proceso de privatización de minas, en 1989, se estableció un fondo que destinaría el 5 por ciento del pago de la venta, 55 millones de dólares, al sindicato minero. En ese entonces, el líder sindical se comprometió a hacer llegar la parte correspondiente a cada trabajador. La Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda descubrió un colosal fraude, al percatarse que en la cuenta 10964526 de Scotiabank a nombre del sindicato minero se realizaron nueve retiros por más de 44 millones de pesos y se traspasaron a destinatarios que nunca debieron haber recibido esos recursos.

En pocas palabras, el dinero destinado a los mineros de Cananea fue a parar a los bolsillos del ex líder minero. Napito, como se le conoce, vive actualmente en Vancouver y se resiste a volver a México, pues podría parar en la cárcel. Pero, el fuero que gozaría como Senador impediría que terminara tras las rejas y lo reintegraría prácticamente a la vida política.

Los motivos de López Obrador para incluir a este nefasto personaje en las listas plurinominales de su partido resultan incomprensibles. Cuando explicó su decisión, argumentó que Napito “ha sido perseguido y estigmatizado por propaganda oficial y oficiosa” ¡Uff!

La alianza con Elba Esther Gordillo es igualmente desconcertante. ¿Qué necesidad tenía López Obrador de darle la bienvenida a René Fujiwara Montelongo y Fernando González Sánchez, nieto y yerno de la maestra respectivamente, a su partido en el momento en que lidera las encuestas? “Son bienvenidos, dijo refiriéndose a ellos, las mujeres y hombres de buena voluntad que se proponen ayudar. ¡Uff!

Bueno, si estos acercamientos políticos fueran poco para sospechar de “cables dañados” en la psicología del candidato, López Obrador propuso esta semana la desconcertante realización de una “Constitución moral”. Nadie niega que es urgente modificar ciertas reglas de conducta cívica o hacer reformas fundamentales en la educación familiar, pero el Estado no puede imponer una “constitución moral”, sin rebasar el ámbito de sus atribuciones.

La idea que expuso López Obrador de convocar a un constituyente para su creación y en la que se establezcan las bases para “una convivencia futura sustentada en el amor y alcanzar la verdadera felicidad”, es francamente peligrosa. Desde luego que es necesario y urgente un nuevo código de ética en el servicio público que obligue a todo funcionario o trabajador de las instituciones del estado a comportarse de manera honesta y eficiente, pero pretender moralizar la esfera pública con una constitución moral significa intervenir en el ámbito privado de los ciudadanos.

¿A Usted le gustaría que alguien desde el poder le dijera cómo debe comportarse? ¿Verdad que no? El Estado sólo puede fomentar una educación que conlleve una moral mínima, que permita el trato civilizado entre los ciudadanos, el respeto a la ciudad y al medio ambiente. Hasta ahí.

Sólo las dictaduras han rebasado este límite que muchas luchas históricas han logrado imponer. En todo caso, compete a las iglesias transferir idealmente la moral familiar a la comunidad. Casi todas las religiones toman los valores familiares -solidaridad, lealtad y honradez-, los propagan y universalizan. Quienes son creyentes generalmente los asumen. Pero ningún individuo como ciudadano puede sentirse obligado a “amar a su prójimo como a sí mismo” o a “santificar las fiestas”.

Algunas normas religiosas pueden coincidir con las leyes, como “no matar” o “no robar”, pues se trata de delitos punibles. Pero el estado no puede hacer sentencias del tipo: “No desearás la mujer de tu prójimo “ (o al hombre de tu prójima, diría yo) o “No cometer actos impuros”.

Lo novedoso es que un candidato que ha defendido la vida y los valores republicanos, entre los que se encuentra el laicismo, asuma el discurso propio de un líder religioso. Con ello, le da la razón a quienes lo han acusado de mesianismo.

El escritor mexicano Xavier Velasco comentó la convocatoria de AMLO a formular una constitución moral haciendo alusión a Venezuela: “Esa película ya la vimos: empiezan imponiendo una moral y terminan hablando con los pajaritos”.

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