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Jueves , 25.04.2019 / 11:59 Hoy

Columna de Laura Ibarra

Imaginémonos cosas chingonas. ¡Carajo! ¿Por qué no?: El Chicharito

Laura Ibarra

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Llegó el Mundial y por fin tenemos otra cosa de qué hablar. ¿No estaba harto de la retórica triunfalista, simplista y tramposa de los suspirantes? ¿No le parecía ridícula la oferta de promesas imposibles de cumplir que nos están haciendo? ¿No estaba cansado de las discusiones familiares y entre amigos por gente que ni conocemos y de la que no sabemos cómo va a gobernar?

Lo importante es que a diferencia de lo que ocurre en la política, el triunfo del equipo de futbol mexicanos nos une y nos hace sentir alegría y orgullo. En ese ambiente tóxico que se ha ido gestando en los últimos años, en que el pesimismo y la frustración se han impuesto en nuestro ánimo, aparece de repente un equipo de jóvenes brillantes, con una excelente técnica futbolística, para mostrarnos que es posible levantar la cabeza y aspirar a grandes hazañas.

Los triunfos de la selección de futbol son una extraordinaria receta de lo que se requiere en muchos ámbitos para salir adelante. Así que veamos las claves de la victoria mexicana en estos dos juegos:

En primer lugar, los positivos resultados de los partidos se deben a la indiscutible calidad futbolística de buena parte de los seleccionados. Muchos de ellos son jugadores de clase mundial, la mejor generación que hemos tenido. Como lo han señalado varios comentaristas deportivos, la clave de estos jugadores es que juegan fuera de México en las ligas más competitivas del mundo. Aunque no jueguen en los equipos líderes, juegan contra los grandes conjuntos, contra los mejores. No les tienen respeto y saben cómo enfrentarlos. Como escribió Aguilar Camín: están entrenados para competir globalmente.

En ellos hay por fin un cambio significativo en la mentalidad, como quedó demostrado en el juego contra Alemania. Entrenarse para competir globalmente ha contribuido a que los jugadores dominen la presión. Lo que ocurre en su mente ya no es dominado por el miedo paralizante ante un rival deportivamente muy fuerte. Ahora saben cómo jugar bajo estrés y mantener el control. Esto les ayuda a evitar los errores, manejar sus emociones, evitar las provocaciones y a no perder la concentración.

Han pasado del “no se puede ganarle a Alemania”, a “claro que se puede, si pones todo tu empeño”. La entrevista que David Faitelson le hizo a Javier Hernández es un ejemplo claro de esta nueva actitud. ¡Carajo! ¿Por qué no? A mí me encanta además que lo diga un tapatío de pura cepa, con ese convencimiento y pasión que nos caracteriza. Las lágrimas del jugador, al final del encuentro contra Alemania, parecían también llevar la marca del terruño (aunque no nos guste admitirlo, los tapatíos somos bien cursis, pregúntenle a del Toro).

El segundo factor que explica el éxito del equipo mexicano es su voluntad de trabajar en equipo. No vemos a Chicharito, al Chucky o a Carlos Vela como jugadores empeñados en destacar individualmente con el fin de conseguir contratos jugosos en Europa. Los vemos participando en el éxito de un equipo. El futbol es un juego de conjunto y en esta selección cada quien está haciendo su parte. En el segundo gol de la selección frente a Corea, el Chucky hizo todo el trabajo y finalmente le dio un extraordinario pase al Chicharito para que rematara.

El tercer factor de esta selección es que la técnica futbolística, eso que se llama oficio, es mucho mejor que en otros mundiales. ¿Qué le quiero decir con esto? En otros mundiales, veíamos a la selección intentado mil veces la misma jugada, aprendida en el pizarrón del técnico y ensayada hasta el cansancio en el entrenamiento. Ahora hay un juego que muestra una multitud de posibilidades. Se domina el juego de pases (a la española), el contragolpe, la llegada por los costados, por el centro (a la argentina), bueno hasta el juego aéreo que realmente nunca ha sido lo nuestro (claro, por lo chaparros que somos). En su juego, hay de todo. Con decirle que están jugando hasta a “la alemana”, es decir, el contragolpe rápido con dos jugadores que se descuelgan endiabladamente por el centro.

Por cierto, algo que ha sorprendido a la gente en Rusia ha sido la alegría de los mexicanos y el desparpajo con la que la manifiestan en los lugares públicos. En Rusia no es frecuente que la gente se ría o se sonría en las calles. Esto solamente se hace en los estrechos círculos familiares o de amigos. ¿O alguna vez ha visto sonreír a Putin? Ni los dientes se le conocen.

Pero, lo negro en el arroz no podía faltar. En realidad es una tristeza ver que la afición mexicana insiste en ofender al portero del adversario con su inútil grito. La época en que se pensaba que las ofensas en el estadio eran parte de la diversión ya es parte de la historia. Ahora la FIFA exige el respeto a los jugadores y prohíbe tales expresiones. Ignorar la advertencia es exponerse a una sanción que nos puede doler mucho.

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