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Martes , 19.03.2019 / 07:51 Hoy

Columna de Laura Ibarra

El Dr. No y los machuchones de la ciencia

Laura Ibarra

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Identificar el problema del presidente López Obrador no requiere de una gran investigación. Lo que no le permite gobernar adecuadamente no es la oposición que encuentra en las organizaciones civiles (más informadas y conocedoras de los problemas) ni siquiera la mediocridad de los miembros de su gabinete, sino algunos rasgos de su carácter y una limitada visión de la historia y sobre todo de la economía.

Aquí sólo me voy a referir a dos actitudes que seguramente se convertirán a la larga en un serio problema en sus decisiones de gobierno. La primera de ellas es el autoritarismo que lo ha conducido a acabar con el NAIM, a aniquilar el programa de Estancias Infantiles, a repudiar a las organizaciones civiles y a tratar de eliminar los órganos autónomos del Estado, sin más argumento que las ganas de imponerse.

En realidad no existe un solo argumento serio que permita entender el cierre de esos sitios que atienden bien a los niños y que mucho ayudan a las mujeres trabajadoras. Ellas constituyen uno de los grupos más vulnerables del país. Es una majadería para ellas (y debería serlo para todos) mencionar que a los niños los deben cuidar los abuelos por la cantidad de ochocientos pesos. Si existe la sospecha de que en algunas estancias hay corrupción, pues que proceda legalmente. (¿El niño que culpa tiene? Diría Karla)

El otro aspecto realmente preocupante es su desprecio por el conocimiento científico, por los expertos.

Su postura no es nueva. Ya en el pasado había afirmado que los estudiantes que estudian en el extranjero se echan a perder (Con razón las universidades huelen tan mal). El recorte al presupuesto de la UNAM y al Conacyt seguramente se dieron con su visto bueno y en correspondencia con su visión.

El jueves pasado el presidente arremetió contra los expertos y las organizaciones de la sociedad civil, “ya basta también de la simulación. De estar nada más haciendo análisis de la realidad sin transformarla. Puro experto, puro diagnóstico, estudios, contratación de asesores, pero no se hace nada por cambiar las cosas”, dijo.

Posteriormente aclaró que el verdadero conocimiento es el que posee el pueblo bueno y sabio.

Consecuente con esta forma de ver las cosas, algunos nombramientos de su gabinete destacan porque los nombrados no tienen ni idea de qué están haciendo en el gobierno. Nombrar a un ingeniero agrónomo como director de Pemex es un acto de insensatez, si luego no se quiere que los ejecutivos de la empresa hagan el ridículo explicando en Nueva York las bondades de la empresa a los inversionistas o que las calificadoras le otorguen una baja calificación.

Jim Craige, uno de los inversionistas presentes en la reunión de Nueva York, dijo respecto a la presentación de uno de los ejecutivos de Pemex. “El director financiero no mostró entendimiento de la compañía y no impresionó para nada”. “Es problema de AMLO porque él lo eligió”, indicó. “Tiene que irse”.

Esta semana los candidatos que envió para ocupar los puestos vacantes de la Comisión Reguladora de Energía exhibieron una increíble ignorancia. El presidente había afirmado que tenían muchísima capacidad y en tono irónico dijo “que no eran egresados del ITAM”.

En una de las entrevistas con la Comisión de Energía del Senado, la senadora Xóchitl Gálvez le preguntó al aspirante Jorge Amaya, propuesto por AMLO, qué era un CEL (Certificado de Energía Limpia) a lo que el interrogado respondió ¡levantando su celular! (No, no es chiste de los que acostumbra esta columna).

La candidata de “muchísima capacidad” propuesta por AMLO, Guadalupe Escalante, afirmó en su comparecencia que “como todo mundo sabemos, la Comisión Reguladora de Energía es un órgano regulador, pero como que a veces no tenemos el alcance total de lo que significa”. Confesó que no le llevaría mucho tiempo hacer su presentación, porque “me encontré una descripción en internet que me gustó mucho” y se puso a leer. (¡Chale!).

Lo preocupante es que, en este siglo, los problemas que enfrenta el país requieren de expertos. No se puede gobernar prescindiendo del conocimiento acumulado durante años por estudiosos que saben cómo incidir adecuadamente en los fenómenos. Para gobernar bien hay que recurrir al conocimiento técnico y científico.

Repudiar a la ciencia y a quienes la desarrollan es gravísimo. México requiere de más y de mejor ciencia. Mientras los gobiernos de casi todos los países le apuestan a la innovación y la tecnología, el nuestro busca en la sabiduría popular fórmulas para el futuro que ésta no posee. La postura del presidente anuncia una vuelta a la Edad Media. La Cuarta Transformación corre ahora el riesgo de pasar a la historia como un periodo de oscurantismo (así que prepare su traje de monje y cuídese de afirmar que la tierra es redonda).

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