• Regístrate
Estás leyendo: Aldeanismo global
Comparte esta noticia
Domingo , 24.03.2019 / 20:49 Hoy

Malos modos

Aldeanismo global

Julio Patán

Publicidad
Publicidad

Las redes sociales son paradójicas: globalizan el aldeanismo. Multiplican el espíritu pueblerino. Te permiten gritar tu nostalgia por la aldea-aldea en la aldea global.

Crecí en una familia de izquierda de vieja guardia, esa nacida del exilio español, la fiebre castrista y el 68. Una izquierda que aún se preciaba de su espíritu internacionalista. Una izquierda, en fin, como la que supongo que hubieran aplaudido Trotski y el Che, dos sujetos funestos, sí, aunque con espíritu de infierno grande pero no de pueblo chico. Una izquierda, creo, en peligro de extinción.

¿Cuándo y por qué se jodió el internacionalismo? Seguramente el punto de inflexión fue el EZLN, que retrotrajo la utopía al pasado, al puritanismo antropológico, y terminó de entremezclar al utopismo de izquierdas con su hermano de derechas, el fascismo.

Traigo esto a cuento por la sintomática multiplicación de tuis y contratuits que provoca hoy la historia terrible de Venezuela. Lo que vemos y leemos día con día de ese país es la instauración de una dictadura abierta y cruenta. Hablo de la represión en las calles; también, de la intimidación por la vía de los grupos de choque, del intento de disolución de la asamblea mediante una nueva constitución impuesta desde las cúpulas, del amedrentamiento, expropiación o cierre de los medios, de la concentración de poderes en una cúpula militarizada. La izquierda solía manifestarse contra estas atrocidades, al menos cuando venían de Pinochet o la junta argentina y aún parecía posible hacerse de la vista gorda con Fidel. Hoy, cuando las comete sin pudores una dictadura autonombrada de izquierdas, las matiza, las relativiza, las relega. Que estamos peor aquí, dicen desde esos barrios, con libertad de ver, leer y publicar editoriales o caricaturas en ese sentido, una libertad amenazada pero de la que no gozan los venezolanos. O que sí, mal, pero que mejor nos preocupemos de lo que pasa en México. Como si fuera peor sufrir la violencia en una democracia fallida, pero democracia al fin, que en un régimen autocrático. Como si las condenas fueran excluyentes. Como si ignorar al que es reprimido no fuera, siempre, una muestra de mezquindad.

Lo que pasa es que Venezuela es un espejo incómodo. Que los grandes hombres con soluciones definitivas pueden caer en el descrédito que merecen con tal de que volteemos hacia el sur. Que la brutalidad descerebrada de Maduro tal vez, en alguna mínima medida, sea un antídoto contra nuestras ganas locas de creer que pueden salvarnos. Nuestras ganas de ser, otra vez, ingenuos.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.