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Sábado , 20.04.2019 / 11:37 Hoy

Articulista Invitado

Urquizo: a 50 años de su partida

Juan Salvador Álvarez de la Fuente

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"Por la calle pasaba una tropa de infantería al paso acompasado de sus tambores; el sonido parejo de los parches lo sentí muy triste, como si fuera a un entierro, como si aquellos golpes iguales fueran los latidos de mi propio corazón”.

Ese es el último párrafo de la novela Tropa vieja de Francisco L. Urquizo, oriundo de San Pedro de las Colonias, Coahuila. El pasado seis de abril se cumplieron 50 años de su muerte. No sé si se le deba admirar más por su trayectoria como militar, primero maderista, después constitucionalista y, al final, como modernizador del ejército mexicano, llegando a ser secretario de guerra, o como escritor, cronista del movimiento revolucionario en momentos tan trágicos como la marcha que emprendió Carranza en plena debacle ante la rebelión obregonista y que culminó en Tlaxcalantongo, Puebla, de una manera criminal. Se dice que Tropa vieja es la única novela de la Revolución en la que el protagonista es un soldado del Ejército Federal. El personaje, llamado Espiridión Sifuentes, es un campesino lagunero, cuyo delito, y por lo que es llevado de leva, fue estar harto de los abusos del hacendado y las violentas autoridades de Lequeitio, Coahuila. El caso es que el protagonista y su compadre Celedonio, que se dedicaba a comerciar carne y chicharrones de rancho en rancho, deciden comerse unos tacos y tomarse unos tragos de mezcal. Espiridión nos cuenta de su compadre: “Buenos centavos hacia mi compadre Celedonio en su negocio y buen agujero le hacía también a la tienda de raya de la hacienda, por lo menos en el ramo de la carne. Los gachupines de la casa grande no lo querían y hacían todo lo posible por correrlo de ahí”.

A partir de un altercado con los capataces, son detenidos y Espiridión es trasladado a Monterrey para recibir instrucción militar. En su formación hace amistad con otros personajes que lo acompañarán en las primeras refriegas a las que movilizan a su batallón en contra de los alzados maderistas. Espiridión conoce la vida dura de los cuarteles, el maltrato físico, el alto consumo de marihuana entre los soldados y reclutas de ese tiempo, la prostitución, pero también hace amigos que, como él, habían sido condenados a servir de manera forzosa por sus ideales políticos, incómodos al régimen de Díaz. El lenguaje franco y amigable que utilizó Urquizo en todas sus obras, nos permite disfrutar mucho la lectura, especialmente en esta novela, donde el protagonista vive La toma de Torreón, la derrota federal, resulta herido y es testigo de la tragedia que toca a sus amigos cercanos.

A 50 años de su muerte, el General Urquizo se mantiene intachable, como militar y como ciudadano, y su obra sigue teniendo vigencia: a más de un siglo del inicio de la Revolución, aún mantenemos un debate sobre el uso de la marihuana, y las tiendas de raya todavía existen en los ranchos productores: los enganchadores que traen a los migrantes agrícolas que llegan a Coahuila procedentes de los estados del sur de nuestro país, hacen su agosto y los explotan sin consideraciones.

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