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Lunes , 18.03.2019 / 10:58 Hoy

Doble fondo

¿No hay cárteles en #CdMx? Pues cómo se les parecen...

Juan Pablo Becerra-Acosta

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Tanto, que no cualquiera vino a capturar al líder del llamado cártel de Tláhuac, Felipe de Jesús Luna, alias El Ojos, y sus sicarios. Para ser simples narcomenudistas, unos dealers insignificantes, resultaron criminales muy organizados, batos muy locos: no se intimidaron y se agarraron a tiros con lo mejor de lo mejor que tiene el Estado mexicano en términos militares: un grupo de élite de la Marina.

El tal Ojos tenía buenas redes de complicidad. Tantas que, como informó en MILENIO el reportero Ignacio Alzaga, no ocultaba su identidad ni para renovar su pasaporte. Está asentado en informes de inteligencia del gobierno federal: operaba sin mayor problema en Tláhuac, Xochimilco, Milpa Alta, Iztapalapa y, en el Estado de México, en Chalco, Valle de Chalco y Nezahualcóyotl. Tenía un enorme control regional: en términos de venta de drogas, era el que mandaba en una amplísima zona, donde viven 4.5 millones de seres y miles de consumidores. En Tamaulipas habitan 3.5 millones de personas.

Por su territorio, sur-sureste de la capital, entraba buena parte de los estupefacientes para surtir el mercado local: coca, mota, tachas. Su nexo en las ligas mayores del crimen organizado era el cártel Beltrán Leyva y sus violentas derivaciones de Guerrero y Morelos.

El cártel de Tláhuac consentía extorsiones y secuestros, negocios colaterales como los que permiten a sus tropas los grandes capos regionales. Tenía un operador financiero, al estilo del crimen organizado, figura atribuida en expedientes gubernamentales a José Alberto García Valencia, alias El Cholo, detenido el 26 de junio pasado.

A Ojos se le investigaba por una veintena de asesinatos que él mismo habría cometido, aunque falta cuantificar cuántos homicidios ordenó: quien no obedecía sus órdenes era ejecutado, se lee en documentos oficiales. Pero no solo eso: también se le imputaba… la desaparición de al menos 30 jóvenes. Sí, levantones y desapariciones de decenas de chavos en plena capital, en la moderna y hípster #CdMx.

No se trataba de un cártel, pero cómo se le parece: tanto, que el grupo de marinos que abatió a él y siete sicarios tuvo que echar mano de un par de vehículos artillados para entrar al área y permanecer en la zona donde estaba el jefe criminal, en las calles Simón Álvarez y Magdaleno Ita, colonia La Conchita Zapotitlán, punto que no está tan lejos de todo: desde el lugar del enfrentamiento hay 26 kilómetros (una hora) hasta el centro de la Condesa, donde se venden drogas a cualquier hora.

No es un cártel, pero sus bases sociales y empleados, halcones en motos y mototaxis, actúan como tropas narcas: durante el ataque de la Marina bloquearon vialidades y quemaron vehículos sin importarles un carajo que inocentes pudieran salir quemados, justo como hemos visto en Nuevo León, Jalisco, Tamaulipas, Sinaloa, Michoacán y Guerrero.

No es un cártel, pero al día siguiente la Marina tuvo que instalar un vehículo artillado y blindado frente al Servicio Médico Forense chilango para repeler la eventual incursión de un comando que intentara rescatar uno o varios cadáveres.

Ok, no hay cárteles en Ciudad de México, pero cómo se les parecen.

La negación al borde del abismo sirve para gran cosa…

jpbecerra.acosta@milenio.com
Twitter: @jpbecerraacosta

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