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Martes , 23.04.2019 / 02:08 Hoy

Columna de Juan Noé Fernández Andrade

Redes trágicas

Juan Noé Fernández Andrade

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Con abusos y excesos que evidencian que una muy buena parte de los contenidos en redes sociales (rs) está resultando cada vez más grave y grotesca de lo que pensaríamos, pareciera que lo que han detonado y lo que detonarían si acaso no cabe una regulación o norma al respecto podría empeorar.


No apuesto, aclaro, por limitar la libertad de expresión sino de inhibir y hasta sancionar aquello que forme parte del vendaval de mentiras, falsedades, agresiones, críticas sin sustento y la difusión incesante de textos e imágenes que buscan dañar –y lo logran- al otro-otra.


Esa regulación o norma sería para hacer contrapeso y creíble lo que se publique en las dichosas rs y, desde luego, en los medios de comunicación. Sin embargo, dado el pensamiento prevaleciente, porque así funcionamos como sociedad, lo negativo, la diatriba, el sojuzgamiento a diestra y siniestra, el insulto porque sí y el morbo nos atrapan y nos consume.


Lo sucedido en las últimas semanas, la serie de acusaciones y señalamientos personales indujeron a una toma de decisiones extremas que, en el peor de los casos, ha sido el suicidio. La falta de respeto ha devenido en una verdadera tragedia humana.


Inocultable es que la inmensa mayoría de mujeres han padecido y padecen de acoso, violaciones, abusos, agresiones físicas y verbales, psicológicas, laborales, familiares, sociales y un etcétera interminable; ahora muchas de ellas -no sé cuántas- están optando por denunciar desde el anonimato y a través de las rs la serie de agravios perpetrados en su contra años atrás, lo que también implica que permanece un dolor inmenso en ellas, que no olvidan lo que sufrieron, siguen acongojadas y que tampoco tuvieron la confianza de inculpar a quienes las acribillaron en su momento.


No confiaron ni en personas ni en instituciones. De ahí que esta explosión vía las redes sociales hoy, con chats específicos en que levantan la voz y hacen saber de sus casos doblega, otra vez, a las instituciones oficiales que debieron atender y atajar ese tipo de ultrajes cometidos contra mujeres víctimas de todas las edades y condiciones sociales, compañeras periodistas en ese trance. Una red inmensa de precariedades.


ferandra5@yahoo.com.mx

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