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Martes , 21.05.2019 / 08:00 Hoy

Columna de Juan Noé Fernández Andrade

¡Cuánta hipocresía!

Juan Noé Fernández Andrade

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A la Señora Silvia Ortiz

Todo es violencia.

En la historia de la humanidad no hay una etapa que se salve. Y hoy, cuando los patrones de convivencia debieran ser diferentes y plenamente humanizados, devienen en lo contrario. Se habla, y con justa razón, de una explosiva violencia que se ha recrudecido en nuestro país y es adversa a las mujeres.


La mujer mexicana resiente, quizá como nunca, los estragos de tantísimas arbitrariedades en su vida sin que haya algo o alguien capaz de contener esos atropellos y traten de ponerlas a salvo. Sabemos que aún antes de nacer, diversas experiencias se suceden llenas de crueldad.


La violencia que las aqueja nos impacta a todos. Además de iniciar en el hogar, en la familia –generalizando, pero reconociendo excepciones-, la violencia toma carta de naturalización en la educación formal inicial, en la básica, pasa a la media, continúa en media superior y superior y no termina.


Se sufre en la calle, en las oficinas públicas y en las empresas, al interior de distintas religiones, en clínicas y hospitales, en las relaciones de pareja, en los estadios y encuentros deportivos, en los antros, de día y de noche, la disidencia y la oposición la viven, igual en los partidos políticos, las políticas públicas violentan, ídem los tres órdenes de gobierno, no se diga en las cárceles y en el periodismo.


Estamos acotados por aquí y por allá por arbitrariedades infinitas. Agredimos desde los medios al hablar, al escribir, nuestra comunicación ofende.


Pero en el caso de las mujeres, la situación es trágica e inconcebible. Ya no sorprende saber que cada hora entre 4 y 6 mujeres son asesinadas, o que cada 4 minutos una de ellas es violada. Lo peor es que están más expuestas en sus hogares y familias.


Esta brutalidad trunca cualquier bienestar y repercute, necesariamente, en la conducta social. Niños, jóvenes, adultos, mayores, mujeres y hombres somos generadores y receptores de violencia cada fracción de segundo. Las redes sociales como ejemplo inobjetable.


Estamos mal y vamos peor. Una civilización transgresora que, a recordados pacifistas les cobró con sus vidas haberse atrevido a vivir y proponer armonía y paz al mundo. ¡Cuánto pesar! ¡Cuánto desamor! ¡Cuánta hipocresía!



ferandra5@yahoo.com.mx

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