Por supuesto que sí. Para todos, es difícil comprender lo que significa que solamente sean los soldados los que tengan que soportar lo que los demás no pueden justificar.
Se cumplió, porque el general secretario aceptó que el operativo —que no la estrategia— falló, aun y a pesar de todo que se cumplió con el objetivo. Lo que sí, es que aun y a pesar de la realidad, los soldados tuvieron que soportar lo que, por lo menos, la autoridad estatal y municipal no pudieron contener.
Se cumplió, porque en esta realidad todo mundo olvida que el Presidente es el comandante supremo de las fuerzas armadas y las decisiones solamente quedan en su autoridad y arbitrio. No significa que los soldados deban de cumplir órdenes que estén fuera de la ley; significa que al final, será responsabilidad del Presidente.
Dentro de las familias mexicanas, quizá la más sufrida es la militar. El sacrificio de esposas, hijos, padres y hermanos, no tiene comparación con la de ningún servidor público… por eso había que defenderlos.
La amenaza era real, y no sobre la familia militar —que de suyo es muy importante—, sino para las más de 169 mil familias “culichis” que podrían estar expuestas a lo que los Chapos amenazaban.
Aguantar un embate que amenazaba a los 675 mil habitantes de Culiacán, donde los malandros lograron cerrar caminos, provocaron enfrentamientos y atacaron instalaciones militares, donde viven familias, es decir, niños, mujeres, padres de familia, en suma una familia que no tiene ni recibe provecho de la actividad criminal de este país.
En la realidad, se buscaba atrapar a Ovidio. En la otra realidad, era de esperarse la respuesta criminal, y no porque el tal “Ovidio” fuera el objetivo primario de este gobierno, sino porque había que cumplir con la ley.
Y, en otra realidad, a donde los Chapos iban a dirigirse era hacia la familia militar. Aun y a pesar de esto, los soldados, aguantaron la posición. Quizá anticipándose a lo que iba a ser la respuesta del comandante supremo.
Se insiste, lo primero eran los culichis. ¿Quién antepondría, la seguridad y bienestar de su familia por la de otros? Solamente los soldados. Sin embargo, hubo que aguantar y sobre todo reaccionar, aun y a pesar de que nadie más reaccionó.
Apostar todo por todos, quizá es lo que tiene a México en la duda de si fue la mejor decisión soltar a Ovidio. Los soldados cumplieron. La decisión no será acertada, hasta que no conozcamos la respuesta del Presidente ante esta nueva realidad.
Existen al menos tres Méxicos. En el primero, hay quien prefiere ver en el perdón, la solución a lo que no se conoce. En el segundo, hay quienes intentan enfrentar al Estado aun y a pesar de sus fortalezas; quizá, le “están tentando los huevos al diablo”, es decir, “pagando por ver”. En el tercero, están los que soportan, los que enfrentan… los que cumplen con la Ley.
En la suma de los tres, ¿quién gana? O quizá la pregunta es ¿quién pierde?
En una cuarta realidad, perdimos todos. Delincuentes, soldados… Y el que más, si no hay contrarespuesta, ¡el Presidente! Ha sido una gran lección. ¿Cómo la capitalizamos? ¿Cómo no deteriorar la realidad?
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