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Viernes , 19.04.2019 / 12:00 Hoy

Paisajes de la memoria

No se atrevan a cambiarme

Juan Gerardo Sampedro

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Los trabajadores de la salud, sobre todo los psiquiatras o psicólogos clínicos, hemos oído repetidamente (en variantes de voz y expresiones) aquél principio de la terapeuta ortodoxa familiar y psicoanalista italiana Mara Selvini Palazzoli (Milano 1916 – 1999) que se popularizó luego de la publicación de una larga entrevista con uno de sus pacientes conocida como "Adiós paradoja, bienvenida prescripción invariante". Ella explicaba que la gente (los usurarios, para respetar la jerga de los sistémicos de Palo Alto, California), llegaban a su consultorio, angustiados, diciendo, de manera inconsciente "cámbienme, no se atrevan a cambiarme".

Eso que en los años sesenta más o menos se hizo tan conocido en los principios terapéuticos, hoy aún sigue siendo válido. A veces los "snobs" piensan que la ciencia también lo es y que cambia como lo hacen las modas. Pero no es así: Selvini Palazzoli aportó grandes datos a la psicoterapia, al detectar esta especie de conciencia contradictoria presente en quienes buscan ayuda para resolver sus problemas de ansiedad o de neurosis cuasi congénita.

Se dice que los desórdenes mentales se adquieren durante el transcurso de los años: infancia es destino, escribió Dolto. Es probable, muy probable. Lo cierto es que hay alguien en el mundo que amanece llorando porque sufre de angustia incontenible o de crisis de paranoia, etcétera.

Traigo a colación este paréntesis: sólo los sociópatas -que los hay y que no son pocos- no experimentan el sentimiento de culpabilidad, lo que no los libera de algún desorden emocional.

Regresando al tema: Selvini Palazzoli explicaba entonces que era común ese fenómeno aparentemente contradictorio: quiero cambiar pero no deseo cambiar. ¿Corresponde a la resistencia de la que hablaba Freud? Quizá. Mientras la persona no tenga conciencia de que tiene un problema que le ha dificultado sus relaciones interpersonales, será difícil que logre superarlo. En otras pocas palabras: muchas veces es imposible, en efecto, transformar a alguien.

Viene aquí una interrogante a la psicología clínica tradicional: ¿desean transformar conciencias para hacer hombres y mujeres sumisos a una sociedad de origen enferma? O bien, como lo dijo Freud: ¿lo he liberado de su miseria espiritual para traerlo a su miseria social?

¿Cuál es entonces el papel de la psicoterapia?

Selvini Palazzoli y su sistema terapéutico ha sido relevante desde la mitad del siglo pasado. Y sigue actual, vigente. No se atrevan a cambiarme. Mejor -qué mejor- que me dejen como estoy, aunque sé que igual debo esforzarme por cambiar.

jgsampe@me.com

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