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Lunes , 20.05.2019 / 12:30 Hoy

Los que están mirando

¡Que haya mucha mierda!, querido Alonso

Juan Carlos Porras

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El tenor Ramón Vargas dio el pésame a la ciudad por la partida de Alonso Escalante Mendiola como director del Teatro del Bicentenario. El Observatorio Ciudadano (OCL), que preside Luis Alberto Ramos, no encontró oscuridad en el personaje de marras. Por ende, no apareció la altanería aludida por parte del concilio reunido para denostar a la persona y ponerla a su nivel. Recordemos el célebre dicho: "Con la vara que mides...".

Amador Rodríguez Leyaristi comentarista de ópera se sumó, como usuario del notable recinto, a la protesta de los ciudadanos de a pie que visitan de manera permanente la sala principal o el teatro-estudio o el jardín adjunto al teatro.

En general, artistas, promotores culturales, asociaciones varias -como Pro Ópera-, manifestaron su apoyo al servidor público destituido bajo cuatro argumentos (in)distintos: es un soberbio, anti-institucional, obliga a trabajar a los técnicos en vacaciones o bien, llamó zapateros ignorantes y provincianos a miembros del Consejo directivo del Fórum Cultural Guanajuato (FCG).

Pero en el fondo las acusaciones que ostenta dicho consejo de notables se fundamentan en culparlo, dicen ellos, de no querer prestar el recinto al mismísimo Gobernador Constitucional del Estado de Guanajuato Miguel Márquez Márquez como también achacarle el desvío de fondos, al Secretario de Obra Pública Gerardo Narváez, por la construcción de una bodega para resguardar la escenografía de las producciones, que derivó en hacer unos arquitectónicos baños de 3 millones de pesos.

El ardid pues, se fue trabajando con filigrana para poder hilvanar los suficientes trozos que darían forma al mantel para desplegarlo en la mesa de la ya célebre reunión del miércoles 12 pasado, donde 1, 2, 3 miembros del consejo se pasaron una hora discutiendo los exordios y quebrantos de Alonso y cómo procederían "de común acuerdo" con éste, para notificarle su salida de la dirección general del teatro.

Alonso Escalante Mendiola no estuvo presente en la citada reunión y sólo fue avisado de manera telefónica por un vocero, que de manera curiosa, mira en el actual dirigente del FCG a una persona non grata para dirigir un campus de Cultura y Artes pero que les fue impuesto por alguien muy flexible a la cultura con el argumento que es muy obediente.

—"Sólo pedí, a mi llegada de la Ciudad de México, que me permitieran en el pleno del Consejo defenderme de las acusaciones vertidas"—, me comentó con firmeza Alonso el jueves 20.

Su testimonio vertido por las ondas hertzianas del 95.9 FM de Nuestras Noticias Bajío en el Dossier de Cultura que coordino todos los jueves, a las 15:15 hs., son pulcras y sin ambigüedades. No reformula ni cambia las versiones ni tampoco argumenta con patrañas. Es claro y persiste en la memoria y no apela al olvido sino a la verdad.

Por ejemplo, él no ve razones jurídicas de fondo para su despido. Sólo verdades a medias, mejor dicho, mentiras tejidas desde la oficina más recóndita del Fórum Cultural que contagiaron a los consejeros hasta repercutir en el gobernador del estado y otros personajes.

Fueron cultivadas y exportadas también, ya con mejoría transgénica, por quienes afirman no conocer al personaje mucho menos su trabajo. Es decir, el cumplimiento de la teoría de la maceta es contundente. Allí están en el corredor de siempre. Obedientes. No causan problema y a todo dicen que sí, incluso si se les impone personal que no tiene formación técnica para trabajar en un teatro. Son callados y permanecerán fieles hasta que se les asigne otra función en otro lado.

El despido de Alonso Escalante Mendiola no hace sino recordarnos que es uno de los nuestros. Quiero decir, es hijo de zapatero leonés quien migró a la provincia ampliada para mejorar su condición de vida. Volvió luego a encontrarse con la querencia. Por eso es uno de nosotros porque representa la raíz y el trasunto de León que están en su suelo y en su cielo.

Como a cualquier familia leonesa le tocó que le inculcaran lo que la vida le había oxidado, gastado, corrompido, pero que había estado puro en él hacía tanto tiempo (Y. Yevtushenko dixit). Pero eso desembocó en el ir a vivir bien para aportar a muchos desde la ópera y desde un recinto de primer mundo como es el del Bicentenario.

Por cierto, quienes hablan del martirologio cultural de Alonso están equivocados y no hacen sino mostrar que son fecundos practicantes de la Constitución Política de una República imaginaria.

Lo expresé en la radio y ahora lo refrendó al aludir, desde el Capítulo único. De los ebrios, tahúres, andrajosos y vagos, dicho documento creado por José Joaquín Fernández de Lizardi: Artículo 44. Ningún andrajoso, sucio, ni descalzo podrá entrar en los teatros, paseos públicos ni en los templos en día de función.

Los acechadores de Alonso son de esta clase: andrajosos, sucios y descalzos.

Por eso le dije de frente a nuestro ex director del Teatro del Bicentenario, según se estila en el medio operístico: —"¡Que haya mucha mierda!, querido Alonso en tus proyectos por veni"—.

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