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Sábado , 20.04.2019 / 22:32 Hoy

Los que están mirando

Las posfiguraciones fílmicas de Cristo vistas en el cinematógrafo Granda

Juan Carlos Porras

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Afirman las buenas gentes de Amoxco, las de endenantes, que Dios se apiadó de los hijos del Gigante, cuando vio a José Cibrián interpretando a su Hijo único en una película.

Lo hizo tan bien el exiliado actor español que le valió el reconocimiento de los asistentes al cinema y de paso a la feligresía que poco a poco, y, escabulléndose de los mirones de costumbre y las beatas, se colaron a la sala del Granda para ver tal prodigio de interpretación.

Si años atrás había conmovido Ben Hur con Ramón Novaro y un tanto las apariciones de la virgen de Guadalupe al indio Juan Diego—trasunto literario del Nicanmopohua de Antonio Valeriano—en un intento por hacer del cinematógrafo un vehículo de la promoción de la Buena Nueva y, aún más, para responder aquélla pregunta, la tercera de cuatro, (“¿Cuáles medios (además de los ya empleados,) deberán de ponerse en práctica para hacer más extensa y más intensa la devoción á Ntra.. Madre Sma. de Guadalupe?”) dada en el Reglamento del Primer Congreso Mariano Nacional de México celebrado en Morelia, Michoacán en 1904; los fieles católicos con gran diligencia ahora trataban de hacer suyo un espacio promovido desde la laicidad.

Según ellos, luego del tesoro espiritual ofrecido (740 misas oídas, 198 comuniones sacramentales, 91 comuniones espirituales, 337 rosarios de cinco, 112 rosarios de quince, 172 rosarios de Ánimas, 209 estaciones al Santísimo, y un largo etcétera... incluyendo 4 silicios), en honor de San León Magno—patrono adoptivo de Amoxco—Dios se fijó de nueva cuenta en el pueblo del Gigante.

No paró, Él, de verificar los nuevos argumentos de sus hijos terrestres a través del invento del siglo XIX. Para él no había problema alguno en cuanto a fijar la paternidad del inventor de tan definitorio sistema de comunicación. Ni a Edison—con su kinetoscopio—ni a los hermanos Lumière—con su cinematógrafo—les otorgaba dicha paternidad única. Él pensaba en una especie de cuaternidad que solventara tan rudo problema para los hombres de la historia del cinematógrafo. Así que, de manera devota, daba su anuencia, con cláusulas y condiciones que fueron prescritas en cierto decreto sobre la luz desde el Génesis, para conmemorar a George Mèlies y luego a Charles Spencer Chaplin—el Hombre—como inventores del cinematógrafo.

De hecho, escribió, como le hizo con Moisés en el monte Sinaí, con letra divina no un mandamiento sino un aforismo: ■▀▄

La inscripción, expuesta en un papiro, era una de las tantas reliquias que veneraban los católicos hijos del Gigante al interior de su iglesia sobre una primitiva capilla adjunta—que fue el primer lugar de culto que inauguraron los españoles en 1540 en sus exploraciones por las tierras del lugar de libros según Nuño de Guzmán—.

Las gentes buenas de Amoxco se avocaron a conformar un sistema de apropiación del cinema. Y en cuanto vieron la posibilidad entraron con ahínco a ver las películas sobre Cristo y las relacionadas con él y sus huestes.

La nueva versión de Ben Hur con Charlton Heston fue trabajo excepcional y hubo largas filas, sobre todo en la llamada Semana Mayor, para verla.

Con Cristo 70 bien actuado por Carlos Piñar las mujeres suspiraron y los hombres lloraron por la tragedia del ladrón arrepentido y muerto en la cruz junto a su salvador. Las secuelas de La vida de Jesús—a partir de los Evangelios apócrifos—donde Guillermo Murray hizo el papel de José, p. p. = padre putativo = Pepe, dieron idea a la feligresía de la bondad y paternidad responsable del señor san José a pesar de no ser el padre biológico del Hijo único (de Dios) venido a la Tierra.

Enrique Rambal y su buen tono de pronunciación del castellano ofrecieron a los asistentes del Granda la sensación de presente continuo: «En verdad os digo...», «En verdad os digo...», fue la frase recurrente y declamada por el actor español que luego sería Atenas el astrólogo en el filme El medio pelo de Luis Alcoriza donde también decía verdades.

La conmoción llegó con Jesucristo Superestrella.

Para las gentes buenas del pueblo del Gigante la película no merecía estar en dicho lugar. Cómo era posible que Jesús cantara rock & roll, eso que en la ciudad de León se puso tan de moda con los rebeldes sin causa, al lado de sus apóstoles y apostolinas. Y ese Judas negro el Traidor, parecido al de la Judea de Purísima de Bustos, era un miserable iracundo que primero entiende el mensaje de Cristo y luego, por obediencia, cumple con su entrega, aunque Jesús le advierte: «Te culparán públicamente.» Pero él hace bien su papel y cumple a cabalidad su parte como fiel apóstol.

No por nada en la Iglesia Colgante del viejo Cairo entre todas las columnas blancas existe una negra, misma que representa a Judas y...

Mejor volvamos a las posfiguraciones fílmicas de Cristo e historias afines.

Llámese mártir del Calvario, o mártir del Gólgota o bien Jesús de Nazareth u otra como Jesús de Montreal o incluso la temible película La última tentación de Cristo, en todas, es más llamativo para los ingeniosos asiduos al cinema, quién interpreta a Jesús completamente divino. Si no se cree, como se debe, pensemos sólo en Nazarín o El Cristo del Océano o en La vida de Brian y hasta en El elegido y El evangelio de las maravillas donde las historias entrelazan exordios y quebrantos.

En cambio, para los fieles cristianos de Amoxco con plena conciencia sopesaron en ver quién era el Traidor de la verdadera historia y como éste cumplió su moira «el destino» fijado.

Si no baste preguntar a la gente del rumbo quien supo suministrar bien el argumento del Evangelio según san Mateo como lo hizo Pier Paolo Pasolini, con un no actor, Enrique Izazoqui, estudiante español en el papel del Divino Maestro, que luego fue reprendido por el gobierno del Caudillo al malinterpretar la misión de Jesús como un vil comunista, en un momento en que el llamado Séptimo Arte era amenazado ya por la t.v.

Lo cierto es que a las gentes buenas del pueblo del Gigante el perdón de Dios les fue otorgado por ver a Jesús y su legado en el CINÉMATÓGRAFO GRANDA.*

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 Editor fundador de Grupo Ochocientos y actual director del Centro de Investigación y Estudios Literarios de León (CIEL-LEÓN).

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