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Viernes , 19.04.2019 / 16:02 Hoy

Los que están mirando

Una lectura sobre la 30ª. Feria Nacional del Libro de León

Juan Carlos Porras

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Con un incipiente acercamiento a la cadena de valor del libro: “escritor-editor-impresor-librero-lector”, el comité organizador de la 30ª. Feria Nacional del Libro de León (FeNaL)presentó el programa oficial de actividades a desarrollarse del 26 de abril al 5 de mayo en el bien alistado Poliforum León que espera recibir, “romper la barrera de los 100 mil visitantes”, apuntan los productores.

De allí que la medición de los organizadores, desde siempre, sea el número de asistentes, luego las ventas y los ejemplares vendidos. Es decir, se tiene un sentido comercial (¡eso es muy bueno!) pero pocas veces se atiende el fondo y la forma de un festival editorial y literario.

Los personajes ancla rondan entre la novela, el ensayo, el periodismo y la ilustración. Aunque se agradece la presencia de Peter Kuper y de Bernardo Fernández, BEF, así como de Nubia Macías, Tatiana Clouthier, Paco Ignacio Taibo II, Ernesto Piedras y Carlos Martínez Assad; pero repite de nueva cuenta el sobrepasado Armando Fuentes Aguirre “Catón” y el tan homenajeado Élmer Mendoza.

No tenemos en forma un encuentro de poetas, solo un guiño, como tampoco de historiadores.

Por otra parte, aun cuando anunciaron la presencia de 400 editoriales, sigue la permisividad de traer simples distribuidores y no las editoriales firmes que deseamos tener: UNAM, Colegio de México, por citar solo algunas.

Tampoco se tiene la medición precisa que la feria de marras está detrás de: la FIL-Guadalajara; la Feria Internacional del Palacio de Minería; la Feria Internacional del Libro de Monterrey; la Infantil y Juvenil del Parque Bicentenario; la del Zócalo de la Ciudad de México; la Feria Metropolitana de Guadalajara; la Feria del Libro de Oaxaca; la Fiesta del Libro y de la Rosa de la UNAM; el Corredor de libros Zócalo-Pino Suárez del Metro de la CDMX o bien, el Remate de libros en el Auditorio Nacional.

Desde 1998 recordemos que comenzaron con el pronunciamiento de ser la tercera feria más importante de México y con el cambio de directores del Instituto Cultural (ICL) llegó a ser, según ellos, la quinta. Esto sugerido, afirman, desde la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM).

Pero hasta hace poco tiempo determinaron que “es la más importante de la Región Bajío” con miras a ser la feria más emblemática de la región cultural Centro-Occidente.

Lo anterior deriva también en que al no tomar en cuenta la exploración del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) bajo los auspicios de la UNESCO quien clasifica en tres tipos las ferias del libro:

  • las internacionales,
  • las nacionales-locales y
  • las especializadas,

la nuestra es del segundo tipo ya que la generación de un espacio de libros, vital y conducente, busca “impulsar la lectura, acer¬car el libro a grandes públicos, fomentar su presencia por medio de diferentes actividades en la programación cultural y promover la circulación y la bibliodiversidad”[1].

Esto significa tener la identificación del público que asistirá a una feria de “marca registrada”[2] como: compradores de libros (o sea, lectores) y vendedores profesionales (o sea, libreros); editoriales directas (no simples distribuidores); junto con la combinación de encuentros con autores, jornadas para profesionales del sector, eventos culturales vinculatorios y no ajenos e improvisados, así como el ofrecimiento de las novedades editoriales y ofertas que durante el lapso pactado se tenga de manera profesional.

Pero el ofrecimiento que nos hacen todavía se queda corto pues la cadena del libro no les ofrece valor alguno.

No se trata sólo de “coordinar una feria” como tal, como tampoco “desarrollar talleres de fomento a la lectura” donde los escolares llegan sin cesar, sino mantener como elemento colaborativo el potencial del sector de la industria creativa local que apenas, como novedad, se toca desde la experiencia de cuatro mujeres insertas en la industria local del libro, según anunció el Instituto Estatal de la Cultura (IEC).

A 30 años la feria del libro ha dejado de ser joven y al entrar a su edad adulta merece un vuelco en su quehacer editorial y literario. Los lectores asiduos necesitamos grandes incentivos como la presencia de algún Premio Nobel de literatura, tal vez Jean-Gustave Ma. Le-Clézio o Mario Vargas Llosa. U otros premios internacionales y académicos como: Sergio Ramírez o Jaime Labastida.

Sería extraordinario tener una representación de los Poetas del Mundo Latino o a los del Premio de Poesía Aguascalientes; a los escritores del Premio Regional de Literatura para Niños y también a los olvidados poetas de los Juegos Florales del Tercer Milenio (2000-2007) y a los autores del Premio de Literatura León (2008-2018).

Si se tuviera la voluntad, más bien el conocimiento, nuestra feria del libro sería más nuestra. Más digna de todos los habitantes de la Región Bajío y no una reunión institucional que llena un reporte que seguro sumará al Informe de Resultados del Gobierno Municipal. 

* Editor fundador de Grupo Ochocientos y actual director del Centro de Investigación y Estudios Literarios de León (CIEL-LEÓN).

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Notas

1. Richard Uribe Schroeder, “Origen de las ferias del libro”, en Las ferias del libro. Manual para expositores y visitantes profesionales, CERLALC-UNESCO, 2012, pp. 21-31).

2. Aun con la mención de “marca registrada” (léase: FENAL) no se tiene un enlace suficiente y eficaz para con la recién creada “Marca León” que seguro daría otro impulso de posicionamiento de la feria en la Región y en todo México.

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