A través de los años, uno apostaría a que entre los lectores –fin esencial del periodismo- y el escribidor se de una relación de confianza, credibilidad y complicidad. Ello hace viables los espacios de opinión y las recomendaciones. Así que con toda franqueza puedo confesar el hecho de que una canción pueda atraparme y fascinarme. “Oda al amor efímero” es seductora y cachonda… ligera y sexy. Es oportuno dejarse llevar por una letra llegadora totalmente: “Podría pasarme la vida lamiéndome las heridas y aún no cicatrizarían. Mejor me levanto y salgo de este estéril letargo. Y vuelvo a empezar a empezar a creer que hay alguna opción de ganar”.
Es de destacar la preocupación por el manejo del lenguaje, por desarrollar el oficio de cancionista y ello ha apuntalado la figura de Tulsa. Hay que apechugar cuando suelta un sincero: “No me importa si eres listo o idiota, te voy a querer igual. Si apareces ahora mismo entre los peces, te voy a perdonar cualquier pecado mortal”.
No es sencillo que la parte melódica de la canción alterne perfectamente con un sentido narrativo de alta calidad; la misma canción que nos ocupa incluye un pasaje memorable que dice: “Daremos cine italiano o si prefieres cine francés. Nos buscaremos las cosquillas, las agotaremos en un mes. Toda mi ambición es verte, es enredar la noche de ayer. Mi casa vacía es tu casa vacía y yo... te voy a querer”.
Aquella canción forma parte de La calma chicha, editado en 2015, pero no ha quedado ahí el encanto. No tiene mucho que circula Centauros (I*M Records), el quinto álbum en la saga de Miren Iza, quien comenzará cantando en una leyenda del underground español: Electrobikinis. La chica tiene una voz potente pero aterciopelada, etérea pero firme. Incluso hasta los melómanos más recalcitrantes podemos llegar tarde hasta alguna joya; en 2010 hizo una versión maravillosa de “Into my arms” del enorme Nick Cave, que reconvertió en “A mis brazos”, incluido en Espera la pálida –su tercer Lp-, y que representa una muy cuidada y cálida adaptación: “Yo no creo en un Dios intervencionista/ Pero sé, cariño, que tú sí/ Si pudiera arrodillarme ante él/ Le pediría que no interviniera en ti/ Que no toque tu pelo, que te deje como eres/ Y si quiere dirigirte a algún lado/ Que sea a mis brazos”. Apenas descubro y aquilato ese cover.
La nacida en 1979 no cede a la hora de buscarse un sitio en la escena española y en Centauros hace un ejercicio que en la parte musical es un gran paso adelante, en el entendido de que las letras son un eje central de su propuesta. Es así que de entrada en el tema titular acomete sin perder el tiempo: “Todo el mundo habla mal de ti/ Eso habla muy bien de ti/ Hachas, antorchas, cuchillos, cafés/ No sabes muy bien cómo hacerte querer/ No sabes quién eres”.
Cuando nos centramos en Tulsa no se puede hacer de lado que junto a su carrera musical ha desarrollado su labor como psiquiatra, profesión que le llevó a vivir una larga temporada en Nueva York y cuya estadía no repara en resumir con contundencia: “Musicalmente es súper vibrante, con conciertos todo el rato. Esa sensación de tocar fácilmente es muy guay. La relación con la música es mucho menos prejuiciosa, la valoran de manera más natural. Aquí la música indie está compartimentada y allí atraviesa toda la sociedad. Son ellos: el rock and roll lo tienen muy integrado en su día a día. Las posibilidades que tiene un chaval joven no tiene nada que ver con las de aquí. Está cada sala preparada con el técnico y tú llegas y tocas”.
Miren se atreve con ese maridaje entre rock y electrónica con algo de pop raro y Centauros no es la excepción. Lo que no se mueve es su naturalidad para contar historias. ¿Cuántas figuras del pop titularían un tema con el apellido de uno de los más grandes escultores de la historia? Brancusi, en alusión al gran artista plástico rumano que vivió entre 1876 y 1957; por su parte Miren la convierte en un elogio amoroso que no distingue de sexos, condiciones, ni circunstancias: “Me haces tomar decisiones temerarias para mí solo para ganar un verso/ y que se hable más de ti/ quiere decir que posees el encanto de lo imposible/ y que cuando me miras me convierto en mujer fatal”.
¿Qué es entonces lo que le atrae a la cantante en este momento? Pues el misterio, la contradicción y la fuerza; no en vano retoma a esas figuras míticas –mitad humano, mitad equino- y de las que Alejandro Simón Partal apunta, en el texto que acompaña al disco, al que definir al amor y la barbarie como: “dos maneras de llamar al deseo”.
Ha tenido muy en claro que su visión puede ser panorámica y mirar a los hombres desde diferentes perspectivas: “En realidad, cuando escribes un tema siempre tienes un interlocutor imaginario y el mío solía ser un hombre. Suele ser una mezcla entre ese hombre y yo misma, porque cuando hablas a alguien, también es una proyección de ti misma. Centauros es un nombre masculino, es una personificación muy viril, con el caballo, el arco, recrimino cosas a esa figura viril, de boxeador, de conductor de grandes vehículos, esa figura un poco patética… y sí daba pie a hacer una reflexión sobre el machismo, de “macho”. Hay una especie de reproche a lo masculino, pero también hay una especie de perdón, “te entiendo, está bien”. Hay mucho de mí en el interlocutor. Siempre pensamos que el masculino es un hombre solo, pero también es mujer. Cuando escribes algo a alguien, siempre estás tú. En el otro también estás tú”.
Centauros no deja de ser muy placentero aun con su tratamiento formal y de fondo; para los amantes del rock hispanoparlante ha hecho un dueto que no se puede dejar pasar. “Pequeñas embestidas” está hecha junto a Abraham Boba, actualmente con León Benavente, antes en solitario y como parte de la banda de Nacho Vegas. Es un cantante con mucha personalidad antes que un dechado de técnica, al que encontramos muy cómodo dentro de un tema que dice: “Todo está bien/ puedo soportar una pequeña embestida/ como la de ayer”. Y la pareja jugando a Françoise Hardy y Alain Delon en clave Gainsbourg.
Por último, he de mencionar que uno va construyendo sus vínculos con los discos, los artistas, los momentos y el arte en general. Lo maravilloso es que un álbum te permita escoger; porque he de decir que a partir de la publicación de Centauros, “Bilbao” es una pieza que se ha llevado las palmas, y motivos habrá para tal enamoramiento: “Creo que está ciudad se está burlando de mí/ le gusta jugar al despiste/ cambiar de aspecto cada vez que vengo/ ya no hay quien la reconozca/ me pierdo en sus rotondas… quiero me reconozca esta puta ciudad”.
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