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Jueves , 21.03.2019 / 08:57 Hoy

Las posibilidades del odio

¿Qué diablos le pasa a Pachuca?

Juan Carlos Hidalgo

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Muy probablemente la culpa sea de una persona como yo, que todavía es capaz de aplicar aquello de: “vamos a darles el beneficio de la duda”. Veníamos de una de las administraciones municipales más nefastas y la lógica simple nos llevaba a pensar: “no se puede caer más bajo”. Pero lamentablemente en México nos especializamos en potenciar al máximo la sentencia de: “siempre se puede más” con una fatídica connotación negativa.

Y no es que observe la ciudad con la distancia de un científico social sino que vivo intensamente inserto en ella e incluso –en la medida de lo posible– ejerzo de peatón del Centro Histórico y busco palpar el ánimo de la gente y su opinión sobre el presente inmediato de la ciudad. Lo que he encontrado últimamente es crispación y desánimo a manera de común denominador.

La semana pasada un conocido empresario, que ha abierto un nuevo restaurante hace poco en el Centro, se quejaba de las bajas ventas y el decaído nivel de la economía doméstica. No se trata de un caso aislado. Los propios locatarios del Mercado 1º de Mayo comentan que no ha sido lo mismo tras la remodelación a consecuencia del incendio y los alborotos causados por el líder de un grupo de comerciantes ambulantes. La actividad no recuperó el ritmo de antaño.

La experiencia me ha llevado a tener la certeza de que los asuntos sociales –en la enorme mayoría de las veces– constituyen situaciones con un origen multifactorial. Aun así, otra vez estamos entre la molestia y la depresión con nuestra capital y la gente que conduce sus pasos. Han sido 9 meses de una infructuosa espera de acontecimientos y acciones positivas; un periodo en el que parece que la Presidenta Municipal únicamente se mueve y reacciona a pedido de otros poderes fácticos.

La situación por la que atravesamos me ha hecho pensar en uno de los virtuosos apuntes del pensador francés Michel Foucault: “Las relaciones de poder múltiples atraviesan, caracterizan, constituyen el cuerpo social; y estas no pueden disociarse, ni establecerse, ni funcionar sin una producción, una acumulación, una circulación, un funcionamiento del discurso”.

Una vez más la política de baja estofa nos aclara que una cosa son las promesas de campaña y otra muy distinta los intereses comerciales creados. Se dijo que se revisaría a detalle el asunto de los parquímetros y la posibilidad de retirarlos ante la inconformidad de diversos sectores. ¿Qué ocurrió? Que más bien se comprometió a futuro su existencia y se expandió su aplicación a una mayor cantidad de calles.

Queda claro que se trata de un negocio para la empresa que lo opera y cómo no estaba dando los resultados esperados, pues hubieron de presionar para sacar mayor tajada y asentarse todavía con mayor perspectiva de largo plazo. Por supuesto que la administración municipal lleva de por medio una mejor parte de los ingresos que le vienen bien. ¿Si faltaban parquímetros pendientes por qué no se instalaron antes?

Lo que es una verdadera lástima es que exista un Cabildo que no sirva para otra cosa que para cobrar su sueldo y aprobar todo aquello que le pongan enfrente. ¿Acaso no debía ser una instancia que hiciera contrapeso a la autoridad de la ciudad? No se ejerce la crítica y únicamente se da un mayoriteo que atiende y complace a los designios de la cúpula.

Lo peor es que ahora los responsables de la fotomultas le han propuesto al gobierno municipal un jugoso negocio a través de una sofisticada plataforma que permite detectar y aplicar todo tipo de multas e incluso hacerse cargo del alcoholímetro. No dudemos que de representar una atractiva propuesta para la Casa Rule, esto se podrá en marcha, sin importar que en la Ciudad de México ese tipo de multas fueron declaradas inconstitucionales.

Llegado el momento, una vez más el Cabildo dejará en claro que sólo está de mero parapeto y no ejercerá el papel para el que estaba destinado. ¡Que les va a importar la reflexión y el análisis cuando tiran por delante la conveniencia personal y una complicidad llena de sospechosismo!

Toda una serie de razones parecieran surgir como en una cascada de fichas de dominó; seguro habrán de decir que la administración pasada dejó el gasto comprometido, que no hay dinero para utilizar y que había que generar recursos al costo que fuere.

En este sentido, no son pocos los arquitectos y constructores los que se quejan de las multas y clausuras arbitrarias que la Presidencia ha aplicado en los últimos meses. Lo mismo le ha ocurrido a comerciantes de nuevo cuño a través de trámites engorrosos, nuevos requerimientos y la exigencia de pagos varios. No se favorece la actividad comercial, más bien se le ponen trabas diversas para hacer aún más tortuoso el proceso de tener en regla el papeleo.

En la llamada Bella Airosa las palabras son arrastradas por las fuertes corrientes que soplan. ¿Revisar en serio y a fondo el Tuzobús y el resto del sistema de transporte? Ni pensarlo. La empresa a su cargo impuso férreos candados financieros para impedir la disolución del trato. Con el retiro de algunas tortugas y señalamientos y el permiso para circular en el carril confinado se pretendió poner remedio a una inadecuada planeación.

Todo el mundo lo ve. Las camionetas tipo Urvan regresaron. Su imperio se mantiene y en ciertos sectores de la ciudad el tráfico se ha complicado en demasía. ¿Cuántas fotos le han compartido últimamente en sus redes sociales? ¿Le ha tocado estar varado? ¿Ha circulado en calles que parecen desfiles de tan lento que van los autos?

¿Qué haría falta para que llegara un auténtico ventarrón de optimismo? ¿De verdad a la clase política le interesa que las cosas mejoren en la capital? ¿Nos seguirán viendo la cara impunemente? ¿Les importa que la gente que vive aquí este insatisfecha y fastidiada?

No se trata de que vivamos colgados de las glorias del equipo de futbol. ¿Qué otras cosas traerán lustre a la ciudad? ¿Cómo recuperar la emoción de vivir aquí? ¿Podemos soslayar los inesperados capítulos de la violencia que quedaron tirados en las calles? Varias notas se han publicado al respecto del aumento de robos y delitos en general.

Durante años Pachuca presumía –y con justicia– de su calidad de vida y de su ambiente de tranquilidad y seguridad. Hay señales en el panorama que no son favorables. Hay que pensar en la clase de ciudad que debemos consolidar para el futuro. ¿A qué se debe que nuestro ilustre pasado está desapareciendo? ¿Los miembros del Cabildo y la Presidenta Municipal pretenderán seguir viviendo aquí en unos años?

No se percibe un dinamismo en la ciudad; tal parece que nos persigue el marasmo, la apatía y la indolencia. ¿Qué diablos te pasa Pachuca? ¿En qué momento emergerá tu grandeza?

circozonico@hotmail.com

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