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Sábado , 23.03.2019 / 15:20 Hoy

Las posibilidades del odio

Libros que van y vienen

Juan Carlos Hidalgo

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La literatura me mantiene en el camino. Moviéndome a través del espacio interior y devorando kilómetros de carretera. Para quienes la lectura nos entrega emociones extremas es difícil elegir entre clavarse en las páginas de un libro o seguir en la ruta para mostrar a la gente los libros que se han traído al mundo. En modo alguno es una decisión sencilla; por todo lo que entrega la comodidad de un sillón y autores grandes de verdad, pero también por el vitalismo que se respira a la hora de ponerse en marcha y salir a la búsqueda de lectores.

Tal vez la clave se encuentre en la combinación de ambas actividades. Apenas en la semana regresé a un lugar maravilloso como Profética en Puebla –combinación de biblioteca pública, librería, restaurante bar y centro cultural-. Sobre la marcha terminaba “Por breve herida”, la novela más reciente de Margo Glantz en la que vuelca su obsesión por el pintor Francis Bacon, pero también por los tratamiento odontológicos. Un juego experimental sobre la repetición, la diaria escritura y la redacción de listas.

Caigo en cuenta de que todo ello nos permite tener noción de lo que conforma al escritor, o más bien lo que quiere que conozcamos de él. En Profética veo el libro más reciente de Murakami y no me da tiempo para comprarlo; se hace tarde para llegar a la presentación de los 3 libros de Tinta Sonora en la Mezcalería Coyoacán que se encuentra muy cerca.

Vamos en compañía de Ricardo Cartas, escritor poblano que prepara –sin prisa- un nuevo libro de cuentos. La ficción brinda con nosotros. Recuerdo una frase que apenas he leído de Chuck Palahniuk: “Nunca pienso en los lectores cuando escribo. No me preocupa incomodarlos. En serio, no lo busco. Simplemente escribo. Es algo intuitivo”. No la comentó con Cartas y la reservó para soltarla durante el evento. Ya veremos.

Me doy cuenta de que vivo rodeado por libros que van y vienen. Ha sido una temporada de leer mucho y escribir como loco. Apenas he terminado también “Eres hermosa”, precisamente de Palahniuk, y no me sorprende la gran libertad con que se mueve en la escritura. Este libro sobre la industria del sexo y la tecnología es absolutamente delirante. Me ha dejado en claro que no hay que dejarse colocar amarras –ni externas ni autoimpuestas-. El autor de “El club de la pelea” ha ido a por todo sin importarle las críticas.

A propósito de “Eres hermosa”, el periodista Javier Blánquez apuntó en El mundo: “El sueño feminista más radical -un mundo en el que los hombres no sean necesarios ni para procrear ni para complementar las relaciones sexuales- acaba, en manos de Palahniuk, ridiculizado por la vía esperpéntica e imagina una distopía al estilo Un mundo feliz, de Aldous Huxley, pero en el que la droga que controla a la población no es el soma, sino una diabólica gama de objetos para el placer íntimo”.

Palahniuk lo ha logrado de nuevo y no está exento de polarizar las reacciones; sabe muy bien que cuenta con incondicionales, pero también que provoca repudio de diversos sectores. ¿Las feministas ya habrán pedido su cabeza?

Mientras tanto también habremos de pensar en la llegada de la muerte –una fijación contemporánea-. Esto ha sido estimulado por las horas dedicadas a “Cero K”., la novela que Don DeLillo ha dedicado a la posibilidad de que la tecnología de punta coloque en animación suspendida a personas que padezcan enfermedades terminales. La trama se complica cuando el padre del protagonista decide someterse al tratamiento por voluntad propia y sin que padezca una enfermedad letal. El crítico Javier Aparicio escribió en El país acerca de este libro: “No es ciencia-ficción, es ficción filosófica. Jeffrey Lockhart narra desde su laberinto de sensaciones metafísicas el modo en que el magnate Ross, su padre, combate con la tecnología y un halo visionario, en un complejo remoto, contra ese sueño eterno que él quisiera transitorio y que irremediablemente se lleva a su esposa de este jodido mundo. Jeffrey, sin embargo, no cree en hombres jugando a ser dioses”.

Así es como los libros pasan de nuestras manos y se acomodan en los estantes. Tal vez no los veamos físicamente por un tiempo pero habremos de discernir entre los que se convertirán en un recuerdo difuso y aquellos que han dejado su marca en nuestras vida y sirven también como una manual de uso para desentrañarla. Uno va cazando los libros que habrán de servir para una misión que no parece ser realizable con éxito. Entonces se destaca el placer inmediato e instantáneo que la lectura trae consigo. Tan sólo por lo bien que la pasamos vale la pena. Ya estoy ansioso de hacerme de algunas cuántas novedades que todavía no tengo a la mano pero que recomiendo enfáticamente.

Jim Dodge es un escritor norteamericano que tiene uno de los mejores libros que haya leído, “Stone Juction”. Ahora la maravillosa editorial Alpha Decay le ha publicado “No se desvanece”, cuya sinopsis es la siguiente: “George Gastin se dedica a inyectar dinero en los bolsillos de sus clientes destrozando sus coches para que puedan embolsarse el seguro. Estamos en el San Francisco de finales de los cincuenta, George tiene veintipocos y está enamorado; el jazz anima las noches y las aventuras. Un día George recibe un encargo ligeramente distinto; el coche que tiene que destrozar es un Cadillac blanco, un regalo que nunca llegó a entregarse a alguien que ya no está: Big Bopper, un rockero primigenio muerto en un accidente de avión junto a Buddy Holly y Ritchie Valens. Cuando las cosas en su vida se empiezan a torcer y el estallido de la crisis parece inevitable, George decide darle un giro imprevisto a su última misión: llevar el Cadillac hasta la tumba de Bopper, en pleno Texas, y prenderle fuego en una pira de homenaje”.

El siguiente libro que buscaré atrapar no será sencillo de conseguir. La gran mayoría de lo que se edita en Argentina no llega a estos lares –con todo y que este lo publica Planeta-. Me interesa sumergirme en el underground porteño a través de “Freakenstein”, la biografía de un tipo de ha vivido mucho y a todo tren: “Sergio Aisenstein tiene una vida de novela. Y la tuvo desde el principio: sus memorias, enredadas en los hilos de la ficción, son un viaje alucinado y misterioso ya desde su infancia. Pasan por sus páginas la contracultura de fines de los años 70, el nacimiento del punk en Europa y el regreso a Buenos Aires con el final de la dictadura para crear Café Einstein y luego Nave Jungla, dos reductos de la noche porteña cuya influencia todavía reverbera.

Amigo y mecenas de músicos como Luca Prodan, artistas y freaks que pueblan la noche, pionero de la contracultura y punk de corazón, sus relatos tienen una cadencia oscura y luminosa a la vez. Tomando a la realidad como trampolín imaginario, Freakenstein da un salto hacia el lado salvaje. Y nos lleva con él”.

También habré de revisar “De qué hablo cuando hablo de escribir” de Haruki Murakami y “Temporada de huracanes” de Fernanda Melchor. Esto no para; aparecen libros que van y vienen en todas direcciones.

circozonico@hotmail.com

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