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Cartas oceánicas

Sentado en el balón

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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Una bocanada de humo descubre a un hombre flaco, pausado y refinado, que habla con las manos. El cigarrillo entre los dedos, la cajetilla sobre la mesa, la taza de café rellena, los cubos de azúcar en fila y las migas de pan dispersas, componen un bodegón porteño: Menotti es una pintura del futbol universal. Nombrado responsable de selecciones nacionales con ochenta años, la AFA, más que un director deportivo, eligió un director cultural. La decisión, tomada durante el periodo más crítico en la historia del futbol argentino, atiende a un largo proceso de reflexión que pondrá a la pelota en el centro.

Para entender el momento basta mirar una fotografía clásica: en cuclillas, a medio campo, Menotti dirige el entrenamiento sentado en un balón. Pocos hombres de futbol a lo largo de la historia, defendieron con tanto ahínco el poder que tiene el balón sobre el juego. A pesar de sus advertencias, los argentinos abandonaron su elemento hace mucho tiempo. Un suceso contracultural que estandarizó la producción y selección de jugadores menospreciando la inspiración: del cómo la toca, pasaron al cuánto corre. Basada en ese nuevo modelo de competencia, la selección argentina renunció a la patente de un estilo que junto a la brasileña, dominaba a la perfección: jugar a la pelota.

Estas etapas de confusión son normales en cualquier equipo. Cuando las cosas no funcionan de la manera habitual, se recurre al sistema opuesto. En algunos casos ir contracorriente funciona: España jubiló la furia y encontró vida en la delicadeza de una generación de jugadores; Brasil, en cambio, perdió identidad durante un tiempo al querer jugar como europeo; lo mismo le sucedió a Italia el día que empezó a sentir vergüenza de su orgulloso Catenaccio. Mirado con perspectiva, Menotti es un hombre joven en relación a la vieja historia del futbol argentino. Nacido en 1938, su emblemática figura permite hilvanar con lucidez un rico pasado con un futuro esperanzador. Ha visto el triunfo y la derrota de las dos maneras, con la pelota y sin ella. Su edad, pese a las dudas que genera en un mundo dominado por la moda, es ideal para dar lecciones: el futbol moderno, tiene mucho que aprender del viejo futbol.

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