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Jueves , 25.04.2019 / 05:42 Hoy

Cartas oceánicas

Messi, soportando a Maradona

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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Desfila Argentina con un melancólico paso por el Mundial entristeciendo al futbol, que despide un amigo. En épocas de Messi, no hubo forma de disfrutar a esta potencia capaz de alegrar la tierra. Los argentinos permitieron que ese sello que daba ritmo, pasión y cariño al juego, cayera en manos rapaces. Se preocuparon más por los entrenadores y opinadores “sabelotodo”, que por los jugadores que llevaban el tango en las venas. Ese estilo tan argentino que a lo largo del tiempo perteneció al pueblo, se convirtió en usura; intentaron colonizar al viejo barrio, urbanizándolo en busca del resultado. Pocas selecciones en la historia habían sido capaces de combinar el romance de una buena gambeta, con el carácter para meter la pierna: la suave albiceleste, siempre tan ingeniosa como competitiva, era la mejor. Su vida en los últimos treinta años se resume en dos palabras: Maradona y Messi. Durante décadas, los argentinos acompañaron a sus grandes genios con estupendos jugadores, la lista es interminable: arranca con Valdano y Burruchaga; continúa con Caniggia, Simeone, Redondo o Batistuta; y sigue hasta Tévez, Agüero y Di María. Siempre se dijo que Argentina montaba cuadros alrededor del Diez. Provoca curiosidad imaginar qué pasaría con la selección argentina si en algún momento, no tuviera al mejor jugador del mundo. La pregunta se contestó ayer: Sampaoli y una serie de ingenieros en futbol, creyeron que alcanzaba con tener al número uno dentro del campo. Pensando así, no solo acabaron con el equipo, sacrificaron también al crack. Crucificado en el último Mundial de su carrera, su epitafio resume una equivocación histórica: no querían ver a Argentina levantando la Copa, esperaban que Messi levantara a Argentina con Maradona dentro.

josefgq@gmail.com

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