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Miércoles , 20.03.2019 / 01:05 Hoy

Cartas oceánicas

El único defecto de Giovani

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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Parecía brasileño, jugaba en una de las canteras más prestigiosas del mundo y había nacido en México: cuando en 2005 nuestro futbol descubrió a Giovani dos Santos, creímos haber visto el futuro. Se trataba del estallido de un atacante infantil llamado a encabezar una generación que nos duraría cuatro copas mundiales. El juego venía de un corto, pero mágico reinado, que Ronaldinho estaba por ceder, así que el parecido de aquel muchacho con el crack brasileño tenía cierta lógica y fascinación. ¿Era posible que el mejor jugador del mundo alguna vez fuera mexicano?

Todos fuimos a buscar la respuesta en la frágil carrera de Giovani, que siendo menor de edad, tuvo que cuidar el sueño millones. Criado en La Masía, el Barcelona entregó la tutela de su pequeño futbolista a Frank Rijkaard, confiando en que la paternal disciplina del entrenador holandés, terminará de pulir al canterano que brillaba como una de las joyas mejor guardadas del futbol europeo.

Rodeado de grandes jugadores y un ambiente familiar, su ascenso fue inmediato. Debutó, marcó, y jugó con regularidad recibiendo la palmadita que se le da a los chicos que ingresan al campo sustituyendo a señores como Henry, Xavi o Eto’o. Encajaba a la perfección en el universo Barça, un sistema del que Messi empezaba a formar parte, sin saber en lo que iba a convertirse. Ningún obstáculo podía cruzarse en la esperanzadora trayectoria de un jovencito que lo tenía todo: regate, disparo, velocidad, habilidad, técnica, gol, ritmo, explosividad y simpatía. Era imposible no verlo sobre el campo, llamaba la atención en cualquier sitio. La fantasía empezaba a ser una realidad, México tenía un tesoro custodiado por uno de los grandes equipos de la época, era cuestión de tiempo para que madurara y nos ayudara a ganar un Mundial. Nadie se detuvo a pensar que semejante responsabilidad, podía confundirlo.

Pronto, Giovani dio síntomas de agotamiento, empezaban a faltarle cosas y sobrarle accesorios. Con la inconsciencia propia de la edad, descubrió el peligro de la fama para la que nadie le entrenó. Los monjes que cuidan las almas de los chicos de la Masía dieron cuenta de su único defecto: a Giovani dos Santos le faltaba vocación. _

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