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Lunes , 25.03.2019 / 12:53 Hoy

Cartas oceánicas

El escribano

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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Con la dedicación de un escribano, Miguel Ángel Gil Marín ha ido asentando en libros cada moneda de las antiguas pesetas y cada centavo del nuevo euro, su responsabilidad, como presidente del Atlético de Madrid, consistió en transformar una herencia que parecía angustiosa, en uno de los capitales más efectivos en la caja y en la cancha.

El club que preside es uno de los modelos de gestión deportiva más exitosos del mundo. Nacido de un huracán, heredó de su padre, Gil y Gil, controvertido y polémico hombre de futbol, un patrimonio que se formaba con cuatro elementos: una franja roja, una franja blanca, un oso y un madroño. Gil Marín se encerró en un despacho con una sumadora y una libreta, lápiz en mano, fue reestructurando una deuda monumental hasta convertirla en un monumento al trabajo.

Sin distracciones, en un negocio dominado por la pasión, tuvo la sabiduría para mantener la cabeza fría, se alejó del enorme bullicio y decidió administrarlo en silencio. Su éxito es escandaloso, ningún equipo tuvo semejante crecimiento en las últimas décadas. Muchas virtudes explican su estilo de gestión, pero hay una manía que lo define: Gil Marín casi nunca asiste a un partido de su equipo. Se perdió las noches mágicas del Calderón, los grandes derbis y la mayoría de las finales que marcaron la nueva historia del Atlético. La razón: conoce como nadie el costo de una derrota y el valor una victoria.

Dicen que durante los partidos sube a su coche, escucha música y conduce 90 minutos evitando todo contacto con el resultado. Esta semana, mientras su equipo conseguía uno de los triunfos más sonoros de la campaña contra la Juventus, en el novedoso Metropolitano, el presidente del Atlético se encontraba a miles de kilómetros de distancia impartiendo una conferencia en la Ciudad de México.

Nada lo distrae de su objetivo, huye de los reflectores y se sacude las entrevistas con la timidez de un cartujo. Este pragmatismo para dirigir, es el mismo que utiliza Simeone para entrenar, Godín o Griezmann para jugar, y un hincha rojiblanco para apoyar. Pocos equipos en el mundo se parecen tanto a su presidente. En el Atlético, la filosofía del partido a partido es una conclusión del centavo a centavo.

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