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Viernes , 22.02.2019 / 12:35 Hoy

El Santo Oficio

Un poco de Paz

José Luis Martínez S.

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En el ensayo “El opio de los intelectuales y la razón de Estado” (Campus 787), Juan Domingo Argüelles recuerda la relación entre Octavio Paz y José Revueltas, el atormentado escritor de El luto humano. Fueron amigos y ambos —cada quien a su manera— lucharon contra el autoritarismo y los dogmas. Por eso ha sido una tontería pretender enemistarlos póstumamente y preocupa cuando el responsable del Fondo de Cultura Económica guarda entre sus prendas una playera con el lema “Menos Paz y más Revueltas” para subrayar su animadversión por el autor de Corriente alterna. Preocupa por una razón: el FCE tiene en su catálogo gran parte de la obra de Paz, legalmente a la deriva por imprevisión de su viuda.

En una carta fechada el 12 de diciembre de 1968 en Niza, recogida en el libro Octavio Paz en 1968: el año axial (Taurus, 2018), compilado por Ángel Gilberto Adame, el poeta les escribe a Dore Ashton y Adja Yunkers sobre sus proyectos y la situación política en México. También les dice: “No sé si ustedes sepan que José Revueltas —uno de nuestros mejores novelistas— está preso, acusado de no sé qué crímenes fantásticos (robo, incitación a la violencia, tentativa de asesinato, etc.). Hay que defenderlo”.

Paz emprendió una gran actividad en favor de la liberación de Revueltas, aprehendido el 16 de noviembre. Promovió cartas, adhesiones, desplegados; escribió textos como el incluido en Posdata, publicado en 1970 por Siglo XXI, donde (como anota Juan Domingo) señala: “Todavía están en la cárcel 200 estudiantes, varios profesores universitarios y José Revueltas, uno de los mejores escritores y uno de los hombres más puros de México”.

En Paseos por la calle de la amargura (Debate, 2018), Guillermo Sheridan, al comentar la amistad entre Paz y Revueltas, surgida en la juventud, habla de sus coincidencias y discrepancias. Dice: “…en la relectura de las obras prodigiosas de estos amigos anómalos —que polemizaron y riñeron sin dejar de quererse— no puede ignorarse que parte de esa complejidad radica en el principio de la comunión”.

Cuando años después su hija Andrea —dice Sheridan— le preguntó a Revueltas su opinión sobre la frase “uno de los hombres más puros de México”, respondió:

—Es el lenguaje de amor que nos tenemos mucha gente entre sí.



Un oficio de palabras

Al titular del FCE quizá le convendría meditar sobre lo escrito por Vicente Alfonso en su columna El síndrome de Esquilo, publicada en la revista digital Círculo de Poesía: “Bajo la frase menos Paz y más Revueltas late una postura intolerante, de alguien que se declara incapaz de dialogar con quien piensa distinto. Si bien durante su madurez asumieron posiciones políticas distantes, basta leer a Revueltas y a Paz para darse cuenta de que no son distintos en su actitud crítica”. Dialogar, discutir, polemizar en vez de injuriar, descalificar, aplastar al adversario, eso nos hace falta. Paz nunca rehuyó ninguna polémica, hasta sus detractores lo saben. En Los signos vitales. Anacronismo y vigencia de Octavio Paz (Libros Magenta, 2018), Armando González Torres, autor de Las guerras culturales de Octavio Paz (Colibrí, 2002), dice: “Desde su adolescencia Paz expresó sus diferencias con sus contemporáneos y antecesores (…), tuvo rompimientos dolorosos con personajes entrañables para él como Pablo Neruda, y no dudó en discrepar de compañeros de ruta o en mantener, siendo funcionario del servicio diplomático mexicano, visiones muy distintas a la oficial”.

Paz no se doblegó ante el poder ni las modas ideológicas. En estos primeros días de la 4ª T, un desastre para muchos y una esperanza para tantos otros, para los escritores encandilados con el discurso del cambio “verdadero” tal vez resulte pertinente reflexionar sobre las palabras del poeta en su conocida entrevista con Julio Scherer, en diciembre de 1977, para Proceso (recogida en sus Obras completas y retomada en El año axial): “En México, todos o casi todos los escritores, sin excluir a gente que fue la independencia misma, como Revueltas y Cosío Villegas, hemos servido en el gobierno. Compromiso peligroso que puede convertirse en pecado mortal si el escritor olvida que su oficio es un oficio de palabras y que entre ellas una de las más cortas y convincentes es NO. Uno de los privilegios del escritor es decir NO al poder injusto. Pero este NO debe brotar de la conciencia y no de la táctica, la ideología o las necesidades de partido. La función política del escritor depende de su condición de hombre fuera de las combinaciones políticas. El escritor no es el hombre del poder ni el hombre del partido: es el hombre de conciencia”.

El arte de la polémica

Sería bueno discutir ahora de nuevo las ideas y la trayectoria de Octavio Paz, alentar el debate sobre su obra en nuevas ediciones del FCE, confrontar puntos de vista entre sus lectores. Como sería conveniente hacerlo con otros personajes y asuntos de la política, el arte y la cultura. La polémica —aun virulenta— es preferible al silencio cómplice o cobarde. “No es bueno que dominen los incentivos para quedarse callado, o para aplaudir en público y denostar en privado”, dice González Torres.

En estos momentos, con tantas cosas y tantos problemas en el país, el cartujo quisiera alumbrarse con la voz de Paz, pero asimismo con las de Fuentes, Monsiváis, Pacheco, imprescindibles lectores e intérpretes de nuestra realidad, verdaderos “hombres de conciencia”.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén. 

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